Por Ernesto Heredia
En los últimos años, los gobiernos y sectores económicos suelen celebrar cifras de crecimiento, récords de inversión extranjera y aumentos en el Producto Interno Bruto, como señales inequívocas de progreso. Sin embargo, para gran parte de la población, esos indicadores muchas veces no representan una mejora real en su calidad de vida. Y ahí surge la gran pregunta: ¿de qué sirve el crecimiento económico si no se traduce en bienestar social?




