Por Ernesto Heredia
Hay una delgada línea entre informar sobre la gestión pública y hacer propaganda de quienes la administran. En República Dominicana, esa línea parece hacerse cada vez más difícil de distinguir.
Basta revisar diariamente las notas que producen las instituciones del Estado para encontrar un patrón repetido: se entregó una máquina en un hospital, se inauguró una pequeña obra, un funcionario supervisó un trabajo, otro encabezó una reunión y el presidente de la República inaugurará cualquier obra, por pequeña que sea, como si cada actividad administrativa fuera, por sí misma, un acontecimiento de interés nacional.





