Por Ernesto Heredia
República Dominicana carga hoy con dos de las estadísticas más vergonzosas y dolorosas de América Latina: los feminicidios y las muertes por accidentes de tránsito. No se trata solo de números ni de rankings internacionales. Se trata de una sociedad que parece haberse acostumbrado a vivir rodeada de violencia, imprudencia y pérdida de vidas humanas.
Mientras el país celebra avances económicos, turismo récord y crecimiento urbano, miles de familias siguen enterrando hijas asesinadas por sus parejas y jóvenes que mueren aplastados en carreteras convertidas en tierra de nadie. Y lo más alarmante no es únicamente la cantidad de víctimas, sino la peligrosa indiferencia colectiva que se ha instalado alrededor de estas tragedias.




