29 de mayo de 2026

Seis Años Después: las Promesas Incumplidas de Abinader

Por Ernesto Heredia

Cuando Luis Abinader llegó al poder en 2020, lo hizo montado sobre un discurso de cambio, eficiencia y soluciones rápidas a problemas históricos que durante décadas han golpeado a la República Dominicana. Prometió enfrentar la corrupción, acabar con los apagones, devolver la seguridad ciudadana y transformar los servicios públicos. Hoy, casi seis años después, la realidad que vive la población dista mucho de aquella narrativa de campaña.

El jueves 28 de mayo, el presidente volvió a prometer que ahora sí se sentarán las bases para resolver definitivamente el problema energético del país, asegurando que nuevas plantas aportarán más de 2,000 megavatios al sistema eléctrico nacional. El problema no es el anuncio. El problema es que los dominicanos llevan escuchando prácticamente el mismo discurso desde 2020.

En septiembre de aquel año, Abinader afirmó públicamente que la solución del sistema eléctrico podía lograrse “en unos dos años” y que los apagones se reducirían significativamente en apenas un mes. Sin embargo, seis años después, los apagones continúan afectando barrios, comercios y comunidades enteras, mientras las excusas oficiales cambian constantemente: primero eran las averías, luego el calor, después la sobrecarga, más tarde la falta de inversión histórica y ahora nuevamente las promesas de futuras plantas energéticas.

Lo preocupante no es únicamente que el problema persista. Lo grave es que el gobierno ha normalizado el incumplimiento. Cada año aparece una nueva fecha, una nueva explicación y una nueva promesa. Mientras tanto, la población sigue pagando una de las tarifas eléctricas más altas de la región para recibir un servicio inestable y deficiente.

Pero el fracaso no se limita al tema energético.

La seguridad ciudadana fue otra de las grandes banderas del actual mandatario. Durante la campaña prometió enfrentar la delincuencia y devolver la tranquilidad a las calles. La realidad es que los dominicanos continúan viviendo con miedo. Los robos, atracos y hechos violentos siguen formando parte de la cotidianidad, mientras las llamadas reformas policiales avanzan lentamente y sin resultados contundentes visibles para la población.

En materia de corrupción, el gobierno ha intentado construir una imagen de transparencia, apoyándose en procesos judiciales contra ex-funcionarios. Sin embargo, muchos ciudadanos perciben que la corrupción simplemente cambió de rostro. Las denuncias sobre nóminas infladas, contrataciones cuestionadas y privilegios políticos- continúan apareciendo, mientras el costo de vida sigue asfixiando a la clase media y a los sectores más pobres.

A esto se suma el deterioro de servicios básicos esenciales. Hospitales con carencias, escuelas con múltiples necesidades, largas filas en instituciones públicas y un sistema de transporte aún insuficiente para responder al crecimiento urbano. El “cambio” prometido terminó convirtiéndose, para muchos, en una administración de anuncios y expectativas incumplidas.

El presidente insiste en culpar a gobiernos anteriores por problemas estructurales. Y ciertamente, muchos de esos problemas vienen de décadas atrás. Pero ese argumento pierde fuerza cuando un gobierno acumula casi seis años en el poder y continúa gobernando como si apenas acabara de llegar.

La ciudadanía no eligió a Luis Abinader para escuchar explicaciones eternas ni para recibir promesas recicladas cada año. Lo eligió porque prometió resolver lo que otros no pudieron. Y precisamente, bajo ese estándar es que hoy debe ser evaluado.

Porque gobernar no es anunciar. Gobernar es cumplir.

Y en temas esenciales como energía, seguridad y calidad de vida, millones de dominicanos sienten que las promesas del cambio se quedaron solo en palabras.

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