15 de mayo de 2026

Feminicidios y Accidentes: las Estadísticas que Retratan el Fracaso Social Dominicano

Por Ernesto Heredia

República Dominicana carga hoy con dos de las estadísticas más vergonzosas y dolorosas de América Latina: los feminicidios y las muertes por accidentes de tránsito. No se trata solo de números ni de rankings internacionales. Se trata de una sociedad que parece haberse acostumbrado a vivir rodeada de violencia, imprudencia y pérdida de vidas humanas.

Mientras el país celebra avances económicos, turismo récord y crecimiento urbano, miles de familias siguen enterrando hijas asesinadas por sus parejas y jóvenes que mueren aplastados en carreteras convertidas en tierra de nadie. Y lo más alarmante no es únicamente la cantidad de víctimas, sino la peligrosa indiferencia colectiva que se ha instalado alrededor de estas tragedias.

Según datos de la CEPAL, República Dominicana figura entre los países con mayor tasa de feminicidios de América Latina, ocupando uno de los primeros lugares de la región, con 1.5 feminicidios por cada 100 mil mujeres.

Las cifras son igual de alarmantes en el tránsito. Solo en 2024 murieron más de 3,100 personas en accidentes viales en República Dominicana, de acuerdo con datos del INTRANT. El país aparece además entre los de mayor mortalidad por accidentes de tránsito en América Latina y el Caribe.

Cada feminicidio revela el fracaso de un sistema que sigue llegando tarde. Mujeres que denuncian y no reciben protección. Amenazas ignoradas. Agresores reincidentes que continúan libres hasta que finalmente matan. Después vienen los discursos, los minutos de silencio y las promesas oficiales. Pero la historia vuelve a repetirse una y otra vez.

En las calles ocurre algo parecido. Manejar en República Dominicana se ha convertido en una demostración diaria de irrespeto por la vida. Exceso de velocidad, motores sin control, conductores borrachos, violaciones constantes a las leyes de tránsito y una fiscalización, débil han provocado que el país figure entre los peores del mundo en mortalidad vial.

Lo más preocupante es que ambos problemas tienen la misma raíz: la normalización de la violencia y la ausencia de consecuencias reales.

El hombre que cree tener derecho sobre la vida de una mujer, es el mismo perfil social que se refleja en el conductor que maneja como si las calles fueran suyas y la vida ajena no importara. En ambos casos existe arrogancia, falta de educación ciudadana, pérdida de valores y una cultura donde demasiadas veces la impunidad termina siendo parte del problema.

Nos hemos acostumbrado tanto al horror, que el asesinato de una mujer ya dura pocas horas en la conversación pública. Un accidente fatal se vuelve apenas otro video viral. La muerte dejó de conmovernos como debería.

Y eso, quizás sea lo más grave.

Porque un país que normaliza la violencia contra las mujeres y también normaliza morir en las carreteras, es un país que necesita revisarse profundamente como sociedad. No basta con más operativos, campañas publicitarias o discursos oficiales. El problema es cultural, educativo y moral.

La República Dominicana no puede aspirar a ser una nación desarrollada mientras siga encabezando estadísticas de muerte. El verdadero progreso no se mide solo en edificios, inversiones o crecimiento económico. También se mide en la capacidad de proteger la vida de su gente.

La reflexión es inevitable: cuando un país comienza a ver la muerte como parte normal de la rutina, el peligro no está solamente en las cifras, sino en la pérdida de sensibilidad de toda una sociedad.

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