Por Dr. Clemente Terrero
Desde los tiempos de Hipócrates, el médico y el paciente han tenido una relación armoniosa, en el ejercicio del arte de la medicina, con la finalidad de curar el dolor.
Esta relación se fortalece en los postulados del "juramento hipocrático, el código de ética y moral de los médicos", una normativa enfocada en principios humanos.
Históricamente, esa relación se ha apoyado en la confianza y en la beneficencia. En el juramento hipocrático hay un compromiso ético que dice: «Juro que en cualquier casa en la que entre, lo haré para bien de los enfermos, absteniéndome de toda acción injusta».
En ese enunciado del juramento, el médico se compromete a no hacer daño, primum non nocere, lo primero es no hacer daño, cuando dice: «A nadie daré un fármaco letal, aun cuando me lo pidiera», manteniendo en pureza mi arte y mi vida.
Sabemos bien que existe una relación de dependencia del paciente hacia el médico, algo natural del proceso, pero el médico, por principios humanos, respeta la vida. Eso quedó demostrado en la pandemia de COVID-19, cuando sentían impotencia al no poder salvar la vida de un paciente grave con esta enfermedad.
La relación médico-paciente, hasta nuestros días, ha sido una relación funcional, de esperanza, de confianza y de respeto; ésta pudiera ser alterada por efecto del nuevo Código Penal y transformarse en una relación que puede poner en peligro la estabilidad laboral, la salud y la vida.
Pienso que si es así, ¿cómo van a ver a los médicos en este país? Si esa es la valoración que tiene el Estado de nosotros, si esa es la intención que tienen de tratar a los médicos dominicanos, lo mejor es cerrar este negocio, porque la verdad es que así no se puede trabajar.
En realidad, el nuevo Código Penal podría dañar la hermosa relación que ha prevalecido por años en el sistema de salud, con el surgimiento de una relación maliciosa, de desconfianza, conflictiva y de confrontación, en la que el médico le va a tener miedo al paciente y el paciente va a ver al médico como un maldito que lo quiere dañar.
En la República Dominicana, la relación médico-paciente ha estado vinculada con nuestra historia, nuestra identidad, tradiciones, costumbres, cultura, hábitos y lazos de hermandad; por eso ha funcionado bien durante tantos años.
La relación del médico y el paciente en nuestro país, aunque no es perfecta, porque nada lo es en este mundo, es una relación de bondad, de esperanza, de confianza y de respeto.
Por eso creo que, en una sociedad como la nuestra, es necesario legislar con equidad, no tensar la cuerda hasta que se rompa. Lo único que queremos los médicos es trabajar en paz, sin miedo y vivir con dignidad de lo que aprendimos a hacer.

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