Cuando en 2013 Danilo Medina visitó el poblado de Monte Grande y allí anunció que los trabajos no se detendrían hasta concluir la presa que se levantaría en el lugar, pensamos que ese pedido no formaría parte de nuestra lista de solicitudes de este 2016 que se aproxima.
Pero, como decimos en mi natal Tamayo, “una cosa piensa el burro y otra el que lo apareja”. Nos queda el mal sabor de no saber por cuales razones EL METRO DEL SUR no fue prioridad en este período.
Monte Grande es vida, es energía, es empleo, es agua potable. Eso no solo lo sabemos nosotros, los suroestanos, también lo saben nuestro presidente y sus funcionarios.
Por eso no encontramos explicación al retraso en su materialización. Lideres religiosos, empresariales, políticos y comunitarios de la región hablan de indiferencia y desprecio.
Yo, particularmente, no creo que eso incida entre nuestros gobernantes para no haber iniciado y concluido a Monte Grande. Algunos hablan de olvido y apatía. Yo no creo que eso forme parte de la convicción de quienes nos gobiernan con relación a este trascendental proyecto.
Otros creen que somos muy pobres y “muy pocos” para atraer tanta inversión. Yo no comparto ese criterio porque cada cuatro años veo que esos lideres nos visitan, se fotografían con nosotros, nos atraen y nos convencen. Entonces “somos importantes”. Por eso comencé estas Expresiones diciendo que yo no se cuáles son las razones que han tenido las autoridades para que EL METRO DEL SUR no sea hoy una realidad.
Quisiera que ahora, como pedido de Año Nuevo y los Santos Reyes, nos pudieran explicar a los hombres y mujeres del Suroeste por qué Monte Grande sigue siendo solo un montón de planos, papeles, contratos y documentos de préstamos. No importa si nos responden esa inquietud al finalizar el año o al iniciarse el 2016, pero, por favor, que nos digan CUAL ES LA VERDAD para que un proyecto tan importante para toda una región y el país, iniciado en tres oportunidades, por dos presidentes, en los ultimos ocho años, permanezca solo en la mente y el deseo de una región que se siente olvidada.
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