Por José Silié Ruíz
Para mí este es el más bello tiempo del
año, me agrada, miles son los recuerdos felices de la infancia y la temprana
adolescencia me hacen recrear parte de los momentos más bellos vividos en mi
existencia: visitar los belenes en las distintas iglesias, las veladas
navideñas en el colegio, ir al supermercado Wimpy difrutando los olores de las
frutas navideñas, el visitar el Santa Claus de La Margarita, el esperado día de
reyes, el ir de compras a la Parisién y a La Opera por ser navidad, los fuegos
artificiales desde las patas de gallina, los montantes gallito, hasta las velas
romanas manejadas con supervisión de los adultos, las rondallas, los jengibres
caseros, las cenas donde los abuelos en la 30 de Marzo, donde aparte de la cena
tradicional al abuelo Fermín había que hacerle pato al vino. Rememoro el irnos
a Salcedo donde la familia materna y cenar unas 30 personas en máxima armonía
en los Samanes.
Sean cuales fueran las emociones básicas
podemos plantear que estas cumplen una serie de propiedades que las hacen
distintivas: una emoción (como la alegría o la tristeza) es el resultado de un
patrón complejo de respuestas químicas y neuronales que forman un patrón
característico, estas respuestas son automáticas y producidas por el cerebro
cuando detecta un estímulo determinado (un objeto o una imagen mental). El
cerebro está determinado por la evolución para responder ante ciertos
estímulos, pero la experiencia personal hace que esos incitaciones se extiendan
hacia otras regiones, esa es la razón de porqué ante los estímulos de la
navidad se activen tantas áreas cerebrales. El resultado de estas respuestas
químico-neuronales es un cambio temporal en el estado del cuerpo y en esas
partes del cerebro que chequean estos estados corporales (la emoción se siente
en el cuerpo y el cuerpo informa al cerebro sobre los cambios que siente) y por
último, la finalidad de las emociones es la supervivencia y la adaptación. En
resumen, la tristeza implica soledad, indefensión, desánimo y nos resta vida,
así que trate de en lo posible de ser feliz, hágalo como una promesa para el
próximo jueves al usted comerse las doce uvas o al degustar las burbujas de
champagne en la fina copa de flauta. La felicidad, por el contrario implica
regocijo, satisfacción, plenitud, alborozo, goce y por encima de todo nos
prolonga la vida, la decisión por tanto es obvia, felices fiestas. ¡Mucha salud
y prosperidad!
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