28 de abril de 2015

JRR o JR (2 de 2)

Por Carlos Darío Sousa*

El arte que nace del Renacimiento, y por tanto, de la Edad Moderna, y que “el hombre pasa a ser la medida de todas las cosas”, nos brinda la oportunidad de constatar las obras de los grandes maestros de la pintura, de la escultura, de la arquitectura.

En la arquitectura, con las edificaciones rectilíneas y simétricas imitando a Grecia y Roma cargadas de serenidad y buscando el equilibrio: ¿Signos fálicos?

En la escultura, la expresividad, realismo, armonía del
cuerpo humano. Quizás en esto la influencia de los griegos fue evidente  sobre todo, en los desnudos.

La obra más importante del Renacimiento es, sin duda, “La Divina Comedia”, obra alegórica en la que Dante, su autor, que busca finalmente el paraíso en compañía de su amada Beatriz. Aunque previamente, en paseo por el canto V del infierno, círculo donde están los lujuriosos.

En el canto XX, también del infierno, donde están los impostores, encontramos esto:

“Ese es Teresías que cambió semblante,
y mudando aun los miembros más sutiles
trocóse en hembra, de varón pujante”.

En el canto XVII de El Purgatorio: Virgilio demuestra a su alumno “Que el amor es principio de todo virtud y de todo vicio”

En el canto XVIII, le explica la naturaleza del amor, y cómo puede el alma con la razón y el libre albedrío dominar los apetitos”

El XXII está dedicado a lo que se embrutecieron con las obscenidades.

El canto VIII de El Paraíso: sube el poeta a la estrella Venus, que embellece el cielo tercero, y ve la gloria de los que consiguieron dominar la pasión del amor a que fueron inclinados.

Ahora, si usted quiere disfrutar de temas amorosos subidos de tono y profanos, entonces le recomiendo “El Decamerón”, de Giovanni Bocaccio, donde es frecuente el tema de mujeres que engañan a sus maridos, de monjas “cachondas” y curas salidos y calentorros. Aunque con el que más de uno goza, es con el cuento de “Meter el Diablo en el Infierno”, con su forma creativa del uso del lenguaje para tener sexo.

La literatura española tiene también sus aportes importantes dentro del género. “El Siglo de Oro” aporta a la literatura universal muchos de los paradigmas con los que se va a desarrollar a partir de “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, de Miguel de Cervantes, con la que inicia la novela moderna. En otro género quizás tenemos que empezar con “La Celestina”, de Fernando de Rojas, la tragicomedia de Calisto y Melibea; siguiendo con “La Lozana Andaluza”, de la que saldría la película del mismo nombre; la novela picaresca, el anónimo “El Lazarillo de Tormes”.

Inés de Santa Cruz y Catalina Ledesma, son nombres que no les dicen nada a la mayoría de los lectores. Sobre ellas se llevó a cabo un juicio por lesbianismo en junio de 1603. Una monja beata y su compañera fueron apresadas y juzgadas por “bujarronas”, y porque “trataba la una con la otra carnalmente con un artificio de caña en forma de natura de hombre”, según consta en documentos de la época. Si quiere ampliar, búsquese el documento dado por Federico Garza Carvajal.

El escritor y amigo, Don Álvaro Cunqueiro, en su “Vida y Fugas de Fanto Fantini”, nos refiere el caso de un obispo masturbador de perros y un caballo políglota muy enamoradizo, y “Las soledades de Donna Cósima Bruzzi”, a la que casaron mozuela y cuyo marido, antes de cumplir con ella, tenía que jugar una partida de ajedrez y ganarla.

También les recomiendo “Diccionario Secreto” y “El Cipote de Archidona”, del Novel de Literatura Camilo José Cela.  Y si este autor les resulta poco, entonces les recomiendo el catálogo de la editora “La Sonrisa Vertical”, que es un homenaje a la narrativa erótica.

Las obras de Walt Whitman, es especialmente cruda en algunos de sus poemas, como es en sus libros “Hojas de Hierba”, o en “Yo Canto el Cuerpo Eléctrico”, y de este, esto: “Me he dado cuenta de que basta estar con los que uno quiere, /Me basta demorarme al atardecer con aquellos quiero, /Me basta sentir cerca la hermosa carne, la carne que es curiosa, que respira, que ama. /¿Pasar entre la gente y tocar alguno, o rozar con el brazo el cuello de un hombre o de una mujer, no es mucho?

La literatura sobre el tema que tratamos, realizada por dominicanos, no es exclusiva, ¡qué pena!, de JR. Pedro Peix “escandalizó” la hipócrita sociedad dominicana con su “El placer está en el último piso”.

Pedro Vergés, en “Sólo Cenizas Hallarás (bolero)”, premio Blasco Ibañez, 1980. Aunque es una novela capitalina, por tal motivo, las relaciones personales tienen un sentido diferente, el Santo Domingo de inicios de los sesenta, donde prevalecen los valores de una sociedad rural, conjuntamente con los de la gran urbe y la liberalidad que esto arrastra, incluyendo los sexuales.

Con Andrés L. Mateo y su “El Violín de la adúltera”, novela en forma de diario, que nos lleva a las angustias de un hombre que cree que su mujer le es infiel. Y el “cerebro” que se forma viendo, pensando, elucubrando sobre unas tetas, las de Ligia Montesanto, que por el apellido, más bien nos lleva a otro sitio.

“Así es como la pierdes”, de Junot Díaz, donde los amores de un joven con Magda, y de otro con Nilda, otro con Alma, o Miss Lora, o La Flaca. Y así a cada rato con nombres propios, pero siempre, o alguna vez en el día, ya sea mañana, tarde o noche, alguien está en la cama fornicando.

“13 Cuentos Sucios”, de Henrri Cuello R., del que tengo una referencia aparte. Sólo para indicar que el autor es Barahonero, y que también tiene sus cuentos “subidos”, tanto que a los mejor lo que dice y como lo dice, que algunos haga un mohín de disgusto o de mala gana.

Sé que quedan muchos autores que han tratado el tema y construido verdaderos monumentos en novelas, poesías y cuentos. Es más, me quedan las canciones, en especial los boleros donde por más que el reloj no marque las horas, siempre hay espacio para amanecer entre tus brazos para poder decir que la última noche que pasé contigo quisiera olvidarla pero no he podido.


Eso sí, peor para el que no le guste, o se sienta incómodo con ese lenguaje. Ahora, yo prefiero esa forma, a la mojigatería o a la perpetua vacuidad del lenguaje político.

*El autor es catedrático universitario.-

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