Por Ernesto Heredia
Hay una enfermedad que parece afectar a buena parte de la clase política dominicana cuando llega al poder: la amnesia selectiva. En campaña, los políticos conocen las causas de todos los problemas y aseguran tener las soluciones. Pero cuando llegan al tren gubernamental, aquello que parecía sencillo se convierte en una tarea compleja, las promesas se aplazan y las explicaciones comienzan a sustituir los resultados.
Por eso, el refrán popular que dice que «una cosa es con violín y otra con guitarra», describe muy bien las contradicciones de nuestra política.
Los videos que circulan en las redes sociales con declaraciones de Luis Abinader cuando estaba en la oposición, han reavivado el debate sobre la distancia entre lo que prometen los candidatos y lo que hacen cuando gobiernan. Entre aquellos planteamientos figuran soluciones a problemas como la migración haitiana, la electricidad, la salud, el agua potable, el tránsito y el costo de la canasta básica.
En febrero de 2021, ya como presidente, Abinader anunció medidas para reforzar la frontera y planteó como objetivo resolver en dos años problemas relacionados con la inmigración ilegal, el narcotráfico y el tránsito de vehículos robados. Sin embargo, la migración irregular continúa siendo uno de los grandes desafíos nacionales.
Nadie discute el derecho del Estado dominicano a controlar sus fronteras y hacer cumplir las leyes migratorias. Lo que corresponde preguntar es ¿qué resultados se han alcanzado, qué objetivos siguen pendientes y por qué las soluciones anunciadas no han resuelto definitivamente el problema?
Con la electricidad ocurre algo parecido. Los apagones, las pérdidas de las distribuidoras y las deficiencias del sistema, siguen formando parte de una realidad que afecta a hogares y empresas. La complejidad del sector no es nueva, pero precisamente por eso se espera que quienes aspiran a gobernar presenten propuestas realistas y que, una vez en el poder, rindan cuentas sobre sus avances.
La salud y el agua potable tampoco pueden quedarse en discursos. Para quien espera atención médica, no consigue medicamentos o debe almacenar agua, porque el suministro es irregular, los anuncios oficiales tienen poco valor si no mejoran las condiciones de vida de la gente.
El tránsito y el costo de los alimentos completan el cuadro. Miles de dominicanos pierden horas en congestionamientos, mientras otras familias hacen malabares para comprar los productos básicos. Puede haber crecimiento económico y estabilidad en algunos indicadores, pero la ciudadanía también tiene derecho a preguntar cuánto de ese progreso se refleja en su bolsillo.
La contradicción no es exclusiva de Abinader ni del Partido Revolucionario Moderno. Es una práctica recurrente: la oposición denuncia los problemas y promete resolverlos; el Gobierno llega, descubre las dificultades y comienza a explicar por qué necesita más tiempo. Luego cambian los protagonistas y el ciclo vuelve a empezar.
Gobernar es más difícil que hacer campaña, es cierto. Existen limitaciones presupuestarias, problemas heredados y obstáculos institucionales. Pero esas dificultades no pueden convertirse en una excusa permanente. Quien solicita el voto debe asumir la responsabilidad de presentar propuestas viables, establecer prioridades y explicar con transparencia qué ha cumplido y qué no.
Los videos de las promesas políticas tienen, por tanto, una utilidad que va más allá de la controversia en las redes sociales: permiten comparar las palabras de ayer con los resultados de hoy. Esa evaluación debe aplicarse a todos los partidos y funcionarios, sin privilegios ni excepciones.
El país necesita menos promesas y más rendición de cuentas. Los ciudadanos no deberían tener que esperar una nueva campaña electoral para escuchar soluciones a problemas que llevan años afectando su vida cotidiana.
Porque una cosa es tocar el violín para conquistar al electorado y otra muy distinta es tocar la guitarra cuando llega el momento de gobernar. Y mientras los políticos cambian de instrumento, la factura de la electricidad, el precio de los alimentos, los tapones y la falta de agua, siguen llegando puntualmente a los mismos ciudadanos.
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