Por Juan Llado
El “cambio” del PRM implica adoptar el
paradigma moderno del mejoramiento del producto turístico. Eso requerirá que el
MITUR abandone sus actuales prácticas respecto a su gasto en “promoción
turística nacional”. No ha sido posible conseguir el detalle sobre los
componentes de ese gasto. Pero corre el rumor de que una gran parte de esos
recursos se destinan a la propaganda regular del gobierno. Es vox populi que se
concentra en el uso masivo de los medios de comunicación local con fines
políticos que no dan frutos turísticos. Por eso, ese gasto debe mudar la piel
hacia un uso más cónsono con las necesidades del desarrollo sectorial.
¿Cuál es el propósito del mensaje aldeano?
Este podría justificarse en una modesta medida si fuera el de convencer a los
pudientes para que viajen al interior del país. Pero el grueso de la población
no dispone de los recursos para poder hacer “turismo interno”, aun si se
dispone de un vehículo propio. El 25% de la población califica como pobre y
apenas cuenta con lo necesario para sobrevivir, mientras otra proporción que sí dispone de alguna holgura monetaria prefiere destinar los recursos a otros
fines urgentes. (Para Semana Santa y Navidad hay un gran desplazamiento de la población,
pero no se requiere publicidad para motivar eso.) Por tanto, no más de un
10-15% de la población hace turismo interno y a ese segmento no hay que
venderle el país porque su natural curiosidad los motivará a viajar al
interior, si no es que pernoctan en los resorts para extranjeros.
De ahí que, destinar una considerable suma a la
“promoción nacional” es un soberbio contrasentido presupuestario. Ese gasto
debe estar alineado con el paradigma moderno del mejoramiento del producto
turístico que introduciría el gobierno del cambio, poniendo énfasis en la
equidad social de su distribución. Es decir, la inversión de los recursos de
promoción interna debe destinarse a fines que contribuyan a que la población
pobre y de clase media tenga más fácil acceso a los atractivos turísticos del
país, al tiempo que diversifican el producto turístico. Eso implicaría que
cualquier gasto debe entonces focalizarse mayormente en la población pobre y no
en la rica.
Un más deseable uso de los recursos sería, en
consonancia con el paradigma moderno, un programa de turismo social. Su
orquestación emplearía las 32
oficinas del MITUR en el interior del
país. Un primer proyecto destinaría recursos para que familias pobres del
interior del país puedan disfrutar, si se evalúan como ejemplares respecto a su
responsabilidad en la escolaridad de sus hijos, de algunos días de asueto en
los más encumbrados resorts de playa. Eso no solo generaría simpatías
políticas, sino que acrecentaría el nivel de conciencia turística, al facilitar
el conocimiento de la industria por parte de segmentos de la población que hoy
viven a sus espaldas.
Por otro lado, se montaría un proyecto para la
puesta en valor y equipamiento de los principales balnearios de ríos del
interior del país. El mejoramiento del acceso y la creación de senderos
facilitaría que los turistas extranjeros que deambulen por la geografía
nacional acudan a ellos y se mezclen con la población llana. Lo mismo aplicaría
a un proyecto de adecuación y embellecimiento de las playas de Najayo y
Palenque, ofreciendo así una alternativa a Boca Chica para la ciudad capital.
(Y en otras playas del norte del país podría hacerse lo mismo.) Otro
complemento deseable sería la creación de arboledas de bienvenida, por lo menos
de un kilómetro de largo, en las entradas de, para comenzar, los 32 municipios
del país donde existen oficinas del MITUR. Dotar a los parques municipales con
plantas florales sería el complemento. Un proyecto de señalización turística
para todo el territorio nacional, finalmente, facilitaría el acceso a todos los
atractivos del interior para turistas nacionales y extranjeros.
El paradigma moderno requerirá también que, en
estrecha colaboración el Ministerio de Economía (y una
vez aprobada la ley correspondiente), el
MITUR elabore planes de ordenamiento territorial (provinciales, municipales y
de distrito municipales) para Montecristi, Samaná, La Altagracia, El Seibo y
Puerto Plata. (Ya Pedernales tiene uno turístico.) También se elaboraran los planes
de desarrollo turístico urbano para acabar con la arrabalización en Sosua,
Cabarete, Boca Chica, Miches, Najayo-Palenque, Jarabacoa y Las Terrenas. Un
gran proyecto de remodelación y embellecimiento urbano se montará en
Bávaro-Punta Cana, con la colaboración de la Asociacion de Hoteles y el
copatrocinio del Distrito Municipal Verón-Punta Cana. En todos los casos, el
MITUR acordará con las autoridades locales la mejor forma de su ejecución y
financiamiento.
Ya el proyecto del BID para la Ciudad Colonial
contempla un plan de desarrollo institucional para el mismo MITUR. Este tendrá
que entrelazarse con un Sistema de Indicadores de Monitoreo de la
actividad turística y reflejar los lineamientos de los modernos destinos turísticos
inteligentes. Deberá también fortalecerse, con planes estratégicos y una
ejecución diligente, las comisiones existentes relativas a la seguridad
turística y a turismo
y salud. Por otro lado, con el Ministerio de Cultura, el MITUR
deberá crear un inventario de atractivos entre los cuales sobresalgan los del patrimonio
histórico y monumental y las áreas protegidas. Se buscaría elaborar un
proyecto con el BID para crear el sistema
de atractivos que los ponga en valor y desarrollar la
infraestructura de servicios para una docena de áreas protegidas seleccionadas.
Para focalizarse mejor en sus tareas prioritarias, el MITUR transferirá al ADN
y al Ministerio de Cultura la gestión del proyecto del BID para la Ciudad
Colonial.
Por otro lado, se venderán en pública subasta
los 20 hoteles estatales –un tinglado deleznable de canonjías– y los recursos
así captados financiarán los nuevos proyectos. Estos incluirían, además de los
mencionados: 1) creación de una unidad para apoyar el desarrollo de las
mipymes, 2) gestación de alianzas público-privada para el desarrollo de un
centro de convenciones en Santo Domingo, una planta de desalinización para la
costa este y un proyecto viable para el puerto de cruceros de Santo Domingo, 3)
ejecución de un proyecto de regeneración de playas y manglares, 4)
desarrollo del canal de los manglares de Bávaro, y 5) un proyecto de
eslabonamientos intersectoriales que acreciente el consumo de producción local
por parte del sector. En particular, el fideicomiso existente para gestionar el
proyecto de Pedernales recibirá un apoyo diligente para garantizar el rápido
despegue del desarrollo turístico en la región más pobre del país. El “cambio”
y su paradigma moderno deben lograr que al sur finalmente le llegue su hora.
El MITUR procurará la aprobación de un Código Turístico que compendie todas las normativas que deben regular al sector. Este
deberá incluir lo referente a las costas y el acceso regulado a las playas del
país. También las normas relativas a la clasificación de hoteles y
restaurantes. En cumplimiento de las disposiciones del Código, el Departamento
de Empresas y Servicios deberá fortalecer significativamente su gestión de
inspectoría, junto al Ministerio de Salud Pública, especialmente en lo relativo
a la operación de los establecimientos que estén fuera de los enclaves
turísticos.
En materia impositiva, el MITUR propugnará ante
las autoridades competentes por la devolución de los impuestos pagados por los
turistas, como hacen otros países y ha pedido ASONAHORES. Pero el asunto de la
reingeniería de los incentivos fiscales al sector será una materia de
responsabilidad directa del Ministerio de Hacienda, a quien el MITUR apoyará
consultivamente.
Resulta evidente que a quien el PRM escoja
para dirigir tan clave ministerio, deberá tener dotes gerenciales y estar
dispuesto a prescindir de la francachela internacional en favor del trabajo
local que requiere el paradigma moderno. Pero sobre todo tener claro que la
mejor promoción de nuestro destino estriba en el constante mejoramiento del
producto turístico y que los intereses que debe servir prioritariamente son los
colectivos, los que interesan al desarrollo del país, y no a los empresarios
individuales. De ahí que la persona seleccionada no tendrá que ser simpático a
los hoteleros sino alguien quien esté bien identificado con los objetivos nacionales
de desarrollo y comprenda que la política pública debe ejercerse con probidad y
equidad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
La Caracola agradece su disposición de contribuir con sus comentarios positivos, siempre basados en el respeto a los demás y en la ética de la comunicación popular.