Por Juan Llado
Algunas voces perversas insisten en remachar
la posibilidad de que las próximas elecciones se tengan que posponer y que eso
requiera la posposición de la toma de posesión de un nuevo gobierno. Quienes
propalan esa majadería política le hacen un muy flaco servicio a la
institucionalidad democrática. Después de una lamentable posposición de las
elecciones municipales, posponer las presidenciales y congresuales, mandaría una
ominosa señal de inestabilidad política. Las consecuencias económicas serían
funestas.
Son muchas las razones para poder afirmar que
no hay justificación alguna para una posposición de las elecciones. Aunque la
pandemia ha causado la posposición de muchos comicios en diferentes países del
mundo, algunos países ya han celebrado elecciones exitosamente, siendo Corea
del Sur el mejor ejemplo. Y 20 otros
países actualmente planean celebrarlas este
año a pesar de la situación sanitaria mundial. En nuestro país la situación
sanitaria actual y avistable no amerita que haya una segunda posposición de las
elecciones presidenciales y congresuales.
A esa conclusión llegaron todos los partidos
políticos cuando acordaron con la JCE la
nueva fecha del 5 de julio. Su unanimidad fue tal, que ninguno tuvo objeción a
que la posposición se hiciera por resolución del organismo; se admitieron los
argumentos que hacían valida la decisión de posponer las municipales sin tener
que recurrir a una modificación constitucional (o una decisión del Tribunal
Constitucional). La decisión fue precedida por un dialogo bajo los auspicios
del Consejo Económico y Social que produjo múltiples acuerdos acogidos posteriormente por la JCE. En
representación de la sociedad civil, la Comisión de Acompañamiento creada por
el diálogo ya inclusive ha
acordado un calendario para las elecciones con la JCE.
Detrás de la posposición subyace el
convencimiento de que para la fecha en cuestión se habrá aplanado lo suficiente la curva de los casos y las muertes por el COVID-19. Esa ha sido la
opinión de varios epidemiólogos nacionales, aunque bajo la presunción de que se
habrá respetado –por el tiempo fijado por las autoridades– la cuarentena y el
toque de queda, así como las medidas sanitarias para evitar el contagio. Sobre
la base de esa predicción, el gobierno ya ha anunciado una próxima reapertura
gradual de la economía que, según el Ministro
de Hacienda, comenzaría el 15 de mayo. El
gobierno estudia además la posibilidad de extender por un mes más las ayudas
sociales.
[Aunque los científicos han advertido que
probablemente no habrá una vacuna para evitar el contagio hasta principios del
2021, han surgido reportes de una (p. ej.
Oxford) que estará disponible para el otoño, mientras otras
avanzan en las pruebas con humanos (Moderna). En
cuanto a la terapia se usa con cautela la
hidroxicloroquina y ya se usa el remdesivir
en EEUU y Japón, como medicamento aplicable y están surgiendo
otras terapias prometedoras –incluyendo la de
Puerto Plata— que están siendo probadas.]
Ya la JCE trabaja en la
elaboración de un protocolo para la celebración del certamen, siguiendo los
lineamientos internacionales de entidades tales como la OMS y la
UNIORE. Algunos de los partidos han también ofrecido sugerencias al
respecto y se ha anunciado que el protocolo final será consensuado con los
partidos. Este incluiría no solo la extensión del horario de votación, la
separación por sexo y el distanciamiento social en las filas, sino también la
desinfección de los colegios electorales y el uso de mascarillas y guantes por
parte del personal.
Una entidad especializada (CAPEL)
también ha sugerido celebrar el certamen en dos o más días para evitar las
aglomeraciones. Todavía no se ha decidido como manejar el voto en el exterior
porque mucho depende de las medidas que hayan adoptado los países donde reside
la diáspora, pero ya existen entidades que pueden muy bien asesorar a la JCE al
respecto. A-Web es
una entidad de Corea del Sur que podría suplir esa asesoría, pero también
hay en Estonia
la experiencia para instalar el voto electrónico.
El protocolo para la votación local no
presenta valladares insuperables. Aunque requerirá de un esfuerzo considerable
de parte de la JCE para aplicarlo, además de un gasto extra que podría incluir
el suministro de kits
sanitarios a cada elector, su complejidad seria mucho menor que los requisitos de
la planeada
reapertura de la economía. Si esa reapertura es posible sin amenazar la salud
pública con un rebrote del virus, también debe ser posible celebrar el certamen
electoral durante uno o dos días. La reapertura gradual de la economía presenta
mayores retos de distanciamiento social y confinamiento de segmentos de la
población que lo que generarían las elecciones.
Afortunadamente, las últimas
declaraciones del presidente de la JCE no
dejan duda de una firme intención por parte de ese organismo de proceder con
los comicios. Las declaraciones han sido precedidas por una reunión
con los partidos de hace apenas días sobre el progreso de los
preparativos. Ya también cinco organismos
internacionales han confirmado que vendrán a observar las
elecciones. A juzgar por todos los reportes de prensa, la organización y los
preparativos en curso ofrecen suficientes muestras de confiabilidad, tal y como
lo ofrece la exitosa experiencia de las elecciones municipales.
Es dable suponer, entonces, que la exitosa
celebración de los comicios del 5 de julio, también marcará la pauta para una
posible segunda vuelta el 26 de julio. Esta estaría segura si la primera
transcurre con idoneidad y la JCE está tomando las precauciones de lugar para
que así sea. En caso de que esta última sea necesaria –lo cual no
luce probable actualmente—habrá suficiente tiempo para que un nuevo gobierno
tome posesión el 16 de agosto.
Cabe notar que cualquier alteración del curso
de los acontecimientos en esta delicada coyuntura política, crearía un ríspido
altercado entre los partidos mayoritarios. Además, el descontento ciudadano con
una posposición de las elecciones, sería mucho mayor que con el aplazamiento de
las elecciones municipales y podría desembocar en una desobediencia civil
perturbadora de la paz social. Crearía ante la comunidad internacional una
imagen de inestabilidad política.
Tal evolución descompondría nuestra imagen
ante los mercados financieros y los potenciales inversionistas extranjeros. Es
seguro que ralentizaría el crecimiento económico sustancialmente — si no es que
lo detendría en seco– y la inversión extranjera y el turismo se verían
afectados más allá de lo que han sido por la pandemia. De hecho, ya
nuestros bonos soberanos están dejando de ser apetecibles, porque las
agencias calificadoras nos rebajarían el posicionamiento aún más de lo que lo
han hecho por la contracción económica de la pandemia, aunque Panamá y
Guatemala han logrado colocar bonos recientemente para enfrentar las
consecuencias del flagelo.
Finalmente, es deseable que el Tribunal
Constitucional desestime inmediatamente cualquier
acción de inconstitucionalidad que procure cambiar el actual ordenamiento
jurídico para hacer posible una postergación de la toma de posesión de
cualquier nuevo gobierno que surja de la consulta del 5 de julio. No le
conviene al país que una eventual intervención del TC enfrasque al país en un
debate jurídico que dé pie a un empantanamiento mayor. Eso sería fatídico para
nuestra institucionalidad democrática. ¡A votar el próximo 5 de julio!

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