Por Juan Llado
En tiempos de gran calamidad pública los
pueblos procuran la unidad nacional para hacer lo moralmente correcto. Valores
tales como el altruismo, la solidaridad, la lealtad y la equidad, constituyen
criterios válidos para juzgar los comportamientos. Sin embargo, en el escenario
actual donde el empresariado, el gobierno, los partidos políticos y las
iglesias son los sectores preponderantes, no todos se comportan con la altura
debida. Y según los reportes de prensa, es el gobierno quien más deja que
desear al preferir actuar solo y dar la espalda a los esfuerzos mancomunados
que podrían contener el COVID-19 y su secuela económica.
El gran empresariado, por su parte, ha
interpretado al “nuevo
capitalismo” con sus aportes solidarios. Siguiendo el primer ejemplo
del Centro Financiero BHD Leon, la donación de RD$50 millones ha sido replicada
por la Fundacion Corripio, el Grupo SID, el Grupo Rizek, el Grupo Punta Cana y
la familia Rainieri. Algunas grandes empresas afiliadas al CONEP
prometieron un total de RD$286 millones,
mientras la empresa Helidosa donó otros RD$20 millones y la Fundacion Perelló RD$30 millones. El aporte empresarial más generoso proviene del Centro
Financiero BHD Leon y MAPHRE con
un total de RD$92 millones, incluyendo un aporte de
RD$10 millones solo para la provincia Duarte. El total de tales
donaciones asciende a menos
de mil millones de pesos (o US$18.5 millones).
Hasta ahora, han brillado por su
ausencia las empresas de Santiago, algunas extranjeras (p. ej. Central Romana,
CEMEX) y otras grandes de otras partes del país. Pero varias otras empresas,
como los bancos y otras instituciones financieras, han modificado sus prácticas
para flexibilizar las obligaciones de sus clientes, dándole plazos mas holgados
y eximiendo el pago de algunas cargas.
Deben también citarse algunos aportes
empresariales en especie: Brugal y la Barrick han donado miles de galones de
alcohol, ASONAHORES ofreció 1,500 de sus habitaciones hoteleras para uso
sanitario y un empresario
santiagués donó 100,000 libras de arroz. Una donación en
dólares fue la del basquetbolista Al Horford (US$500,000). Pero se desconoce
cómo se canalizarán todas estas ayudas. En
Ecuador el gobierno creo una “cuenta nacional
humanitaria” para que las contribuciones se usen con fines sanitarios, de
alimentos y de empleo.
De los partidos políticos no ha surgido un
caudal comparable. El PLD
promete un aporte de RD$35 millones,
mientras el PRM no ha ofrecido dinero pero
ha donado 26 ambulancias a igual numero de municipios principales y
materiales médicos en La Vega y varias otras localidades, superando así al
partido de gobierno. El expresidente
Fernández, por su parte, ha prometido aportes para la provincia
Duarte y reclamado atención a los más necesitados. De los partidos minoritarios
solo se ha reportado una modesta donación de País Posible y la cooperación de
Alianza País, poniendo sus redes al servicio de los mensajes sanitarios. Es
lamentable que entre los principales candidatos presidenciales existe un claro
pugilato proselitista, instrumentalizando la asistencia humanitaria con fines
electorales. Se da la paradoja de que la oposición
no puede competir con el candidato presidencial oficial, pero está
obligada a realizar donativos, so pena de descorazonar a los electores con su
pasividad.
Las iglesias, por su parte, están haciendo lo
propio. Además de suspender sus eventos litúrgicos para ayudar con la
cuarentena y transmitir los mensajes de prevención de contagios, las iglesias
han comprometido su asistencia humanitaria de diversas formas. El gobierno
pidió y recibe su ayuda para la distribución de alimentos, mientras algunos
donantes empresariales también han canalizado algunos aportes a través de sus
ministerios. Especialmente destacada fue, en el caso de la Iglesia Católica, la
severa crítica a la corrupción en medio de la pandemia en el Sermón
de las Siete Palabras. Sin duda eso aplica a las fraudulentas pero frustradas
compras de materiales médicos y de alimentos.
En materia económica, la actuación del gobierno
merece algunos serios reproches. Inicialmente, lo que más sorprendió fue el
amplio abanico de medidas de estimulo para el aparato productivo (monetarias,
crediticias, impositivas) cuando lo primero debió ser una pléyade de medidas de
protección social para los segmentos más vulnerables de la población. Esa
prioridad fue desconcertante, porque erróneamente se creyó que el consumo
seguiría igual en tiempos de cuarentena. Dio la impresión de que el gobierno
acudió primero a asistir a los más poderosos en detrimento de los mas débiles.
Cuando finalmente se desplegó la respuesta
económica al drama social, se pecó de mezquindad. Tanto el monto del subsidio
monetario a las familias pobres y trabajadores informales como su duración, son
miserables. (Por lo menos debe durar cinco meses y ascender al doble de lo
asignado.) También debió preferirse el subsidio monetario a la distribución de
alimentos, por las dificultades logísticas que ello implica. Las facilidades
crediticias que han seguido para auxiliar a las pymes están bien orientadas,
pero carecen de cierta racionalidad mientras no se restablezca el consumo. La
parte del programa FASE para auxiliar a las empresas a fin de que mantengan su
empleomanía, si está bien encaminada.
Mientras tanto, han aflorado algunos reportes
que, de ser ciertos, satanizarían aún más la respuesta social del gobierno.
Varias familias pobres consultadas reportan que han visto frustradas sus
aspiraciones de calificar por el subsidio del programa “Quédate en casa”, porque
no están inscritos en el partido de gobierno. Sus intentos de inscribirse en el
SIUBEN no han podido prosperar, porque todas las oficinas de esa dependencia
permanecen cerradas. Los que no están ya registrados solo consiguen que los
tomen en cuenta cuando algún alcalde o presidente de junta de vecino de
militancia peledeísta, logra inscribirlos. Y lo mismo sucede con la distribución
de alimentos, estos llegan a los barrios capitalinos en altas horas de la noche
y solo lo reciben los inscritos en el PLD.
Esta denuncia debe ser investigada. De ser
ciertas estas prácticas, el gobierno estaría incurriendo en una bajeza al
desamparar aquellos que no simpatizan con su parcela política. Además, en medio
de un período preelectoral, se estaría incurriendo en una desnaturalización
perversa de la competencia democrática. La JCE debe ordenar una investigación
inmediata para poner la casa en orden. Esas practicas clientelistas son peores
para la institucionalidad democrática que el desguañangue de las finanzas
públicas en un año electoral, que ha sido la norma en la época postrujillista.
Sería relativamente fácil para la JCE
esclarecer la situación. Si cruza el registro del SIUBEN con el padrón del PLD, podrá determinar hasta qué punto esa militancia está representada entre los
beneficiarios de “Quédate en Casa”. Por otro lado, el gobierno debe examinar el
padrón del PRM para identificar a todos los mayores de 60 años e incluirlos en
programa. Del resto de los inscritos también se entresacarían aquellos que son jefes
de familia y no están actualmente en el SIUBEN. Ellos deben ser incorporados de
inmediato al programa para corregir la citada inequidad.
Por estar reñido con la unidad de propósito
que demandan las circunstancias, lo peor ha sido que las múltiples ofertas del
PRM para cooperar en la batalla contra el virus, han sido ignoradas o rechazadas
por el gobierno. Los aprestos proselitistas de los candidatos pueden ser
criticados por inoportunos frente a una calamidad pública. Pero la negativa a
actuar mancomunadamente que acusa el gobierno, es más reprochable. Esta
coyuntura requiere de una actuación unida de todos los sectores y de muestras
fehacientes de cooperación entre actores. Preferir un protagonismo hegemónico
bajo las circunstancias, desvela una actitud mezquina, porque a la población le
conviene más que haya una estrategia nacional de respuesta con sello ecuménico.
En tiempos pandémicos, el presidente Medina
está emplazado a demostrar su lealtad a su pueblo rigiéndose por sus valores
éticos. En la historia, los estadistas se consagran con ese rango cuando miran
por encima de la turbulencia cotidiana y otean más allá en el horizonte para
responder con las medidas más saludables para las conveniencias nacionales.

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