El Mundo que nos espera (Planteando una tesis por los
indicadores visibles)
Por Rafael Hernández
Todos estamos desesperados por el tiempo que estamos pasando en la casa.
Nadie estaba preparado para un paro tan largo. Hay quienes tenemos nuestra
ocupación y hemos tenido que trabajar más que en tiempos normales y sabemos que
es un trabajo extra que nunca tendrá compensación ni mucho menos
reconocimiento. Pero como docentes nos damos y nos debemos a los demás.
Lo grande es todo lo que falta. La pandemia no ha llegado a su pico, luego
vendría la fase meseta donde habrá altibajos, unos días descenderá u otros
subirá o se mantendrá igual, y finalmente vendrá la más tenebrosa de las fases,
la del descenso. Veremos descender las cifras paulatinamente y la desesperación
podría crearnos la
ilusión de que ya “eso pasó”, pues NO y NO, en esa confianza
y desesperación es que está el peligro. Si transitamos por esa vía, volveremos
a tener otro brote de gran magnitud.
Veo que el pueblo está esperanzado en que pronto pasará y han acudido a la
fe religiosa. No he vuelto a ver los charlatanes que reúnen multitudes bajo el
fanatismo (no la fe) de que serán sanados participando de sus rituales. Pero la
gente sigue esperanzada y como náufragos en el océano, se aferran a lo primero
que aparezca. Veo muchas fotos de recuerdos del pasado, de momentos felices que
añoramos volver a ver. Eso está muy bien, si nos hace felices. Pero estamos
viviendo una terrible pesadilla que está transformando todo. Especialmente en
un país como este donde todo es improvisación sobre improvisación y carecemos
de un real Sistema de Salud, carecemos de laboratorios y centros superiores de
investigación, pues díganme ahora ¿qué es eso de Academia de Ciencia, UASD,
INTEC, PUCMM, CMD, etc.? ¿Dónde están los científicos investigadores? ¿Dónde
están todos esos leones que vomitan fuego y tienen planes para todo en la TV y
los periódicos? ¿Por qué aparecen los políticos jugando a la demagogia con esta
grave crisis, dizque donando equipos, enviando aviones al extranjero a “buscar
lo que el Estado les encarga”, supuestamente creando hospitales de emergencias
y cuantas cosas rebosan sus fantasías? ¿Dónde están los políticos y empresarios
que han adquirido miles de millones en estafas y contrabandos, devolviendo
parte de esas fortunas para paliar esta crisis?
Despertaremos en un mundo donde la tecnología de verdad va a jugar su rol.
Las interacciones tendrán que ser por las redes, pues este tipo de enfermedades
llegan para quedarse y siempre tendremos que bregar con ellas igual que con la
malaria, el flus (gripe, catarro e influenza) el zika, el dengue, chicungunya y
demás, que cada año vienen con una nueva cepa. Lo bueno es que ya sabremos cómo
tratarla. También pudiera ser que aparezca una vacuna definitiva de aplicación
universal, porque por ahora nos quieren tomar de conejillos de indias para
experimentar varias vacunas.
Despertaremos en un mundo donde la gente como nosotros, de cualquier edad
que sea, estará expuesta permanentemente al contagio (maestros, alumnos,
médicos, enfermeras, personal de apoyo, guardianes, voluntarios, líderes
comunitarios, entre tantos). Si por exceso de confianza nos descuidamos y no
seguimos los protocolos y reglas de higiene personal y social, estaremos
expuestos a nuevos contagios, porque la permanencia de los virus les da
oportunidad de mutar y hacerse resistentes a los tratamientos conocidos.
Despertaremos en un mundo, donde los empresarios habrán entendido que el
trabajo virtual es tan beneficioso como el presencial, siempre que se apliquen
los controles de lugar, que los empleados y trabajadores no tienen que estar
necesariamente aglomerados en ninguna parte, eso disminuirá el tráfico, los
tapones y hasta el comportamiento de la naturaleza. Habrá que entender que en
los autobuses, metro y demás medios de transporte, habrá que andar enguantados y
con mascarillas, y continuando con todos los protocolos.
Tenemos que entender
que ya no habrá besos ni abrazos físicos, que todos los saludos y afectos
tendrán que expresarse a distancia. Pero claro, que siempre habrá noviazgos y
matrimonios; las que van a sufrir son esas otras relaciones ocasionales y
grupos de amigos que siempre se juntaban. Ahora habrá que recurrir a las
reuniones virtuales en las diferentes aplicaciones del internet.
Ahora cada
profesor y cada estudiante tendrán que tener a manos un equipo computarizado
para utilizarlo como instrumento de aprendizaje, que ya se acabó el tener los
celulares para chatear y buscar páginas non
santas de diversiones raras y extravagantes que nos distraían de la
realidad, pues ahora hay que situarse de lleno en esta nueva realidad. Ahora
hay que sacarle todo el beneficio para aprender y crecer profesionalmente. Se
acabaron los parques, los conciertos, las caravanas, los mítines, las
actividades masivas en general.
Estamos ante un nuevo fenómeno económico de quiebras empresariales reales
y mafiosas, ante un aumento de los costos, la inflación se va a disparar y
algunos países tendremos que prepararnos para la estanflación, ante los vicios
económicos y el barloteo de los políticos con el dinero del pueblo. Además, la
aparición de la banca mafiosa, que tratará de estafar a sus clientes con cargos
que disminuirán nuestros magros ahorros, lo que provocará desconfianza y
retiros masivos. Es evidente la devaluación de las monedas. Hay que prepararse
para los tiempos de las vacas flacas, pues los niveles de desempleo por paros
forzosos, nuevos despidos y desaparición de ciertos mercados. La experiencia
nos enseña que inmediatamente vendrán los robos, atracos, saqueos, pobladas y
hasta guerras civiles, pues como dice un refrán, “la necesidad tiene cara de hereje”.
Veremos hacerse realidad la metáfora de las Siete Plagas de Egipto.
Si como se dice, empezó la era de la Guerra Biológica entre las potencias
(espero que esa locura no sea cierta para nada), eso no se va a detener y
tendremos que prepararnos para mucho, mucho más. Es posible incluso que (con
guerra o sin guerra), algunos países sean absorbidos por otros mediante algún
mecanismo de los creados por la decadente ONU, ya que son inviables e incapaces
de manejarse en tiempos de crisis, o si conviene a los planes de dominio y
afanes geopolíticos, los dejarán desaparecer porque su gente moriría toda o en
su mayor parte de inanición. Lo que se creía que era un logro de los avances
médicos, ahora es una retranca para este nuevo mundo, como ha sido la prolongación
de la esperanza y del promedio de vida, ahora este segmento poblacional
envejeciente se ha convertido en un estorbo. Ahora parece que hay que morir a
los treintaicinco, pues todos los que ofertan empleos son para jóvenes de
veinte a treintaicinco años y con experiencias. ¡Vaya ironía, sarcasmo y
deshumanización, todo en un solo paquete!
Nada, absolutamente nada, volverá a ser como antes. Tenemos que
prepararnos –siendo muy optimistas- para este nuevo mundo tecnológico,
deshumanizado, egoísta y pragmático. Ojalá estemos equivocados.

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