13 de abril de 2020

TESIS SOBRE LOS CAMBIOS QUE VIVIREMOS


El Mundo que nos espera (Planteando una tesis por los indicadores visibles)

Por Rafael Hernández

Todos estamos desesperados por el tiempo que estamos pasando en la casa. Nadie estaba preparado para un paro tan largo. Hay quienes tenemos nuestra ocupación y hemos tenido que trabajar más que en tiempos normales y sabemos que es un trabajo extra que nunca tendrá compensación ni mucho menos reconocimiento. Pero como docentes nos damos y nos debemos a los demás.

Lo grande es todo lo que falta. La pandemia no ha llegado a su pico, luego vendría la fase meseta donde habrá altibajos, unos días descenderá u otros subirá o se mantendrá igual, y finalmente vendrá la más tenebrosa de las fases, la del descenso. Veremos descender las cifras paulatinamente y la desesperación podría crearnos la
ilusión de que ya “eso pasó”, pues NO y NO, en esa confianza y desesperación es que está el peligro. Si transitamos por esa vía, volveremos a tener otro brote de gran magnitud.

Veo que el pueblo está esperanzado en que pronto pasará y han acudido a la fe religiosa. No he vuelto a ver los charlatanes que reúnen multitudes bajo el fanatismo (no la fe) de que serán sanados participando de sus rituales. Pero la gente sigue esperanzada y como náufragos en el océano, se aferran a lo primero que aparezca. Veo muchas fotos de recuerdos del pasado, de momentos felices que añoramos volver a ver. Eso está muy bien, si nos hace felices. Pero estamos viviendo una terrible pesadilla que está transformando todo. Especialmente en un país como este donde todo es improvisación sobre improvisación y carecemos de un real Sistema de Salud, carecemos de laboratorios y centros superiores de investigación, pues díganme ahora ¿qué es eso de Academia de Ciencia, UASD, INTEC, PUCMM, CMD, etc.? ¿Dónde están los científicos investigadores? ¿Dónde están todos esos leones que vomitan fuego y tienen planes para todo en la TV y los periódicos? ¿Por qué aparecen los políticos jugando a la demagogia con esta grave crisis, dizque donando equipos, enviando aviones al extranjero a “buscar lo que el Estado les encarga”, supuestamente creando hospitales de emergencias y cuantas cosas rebosan sus fantasías? ¿Dónde están los políticos y empresarios que han adquirido miles de millones en estafas y contrabandos, devolviendo parte de esas fortunas para paliar esta crisis?

Despertaremos en un mundo donde la tecnología de verdad va a jugar su rol. Las interacciones tendrán que ser por las redes, pues este tipo de enfermedades llegan para quedarse y siempre tendremos que bregar con ellas igual que con la malaria, el flus (gripe, catarro e influenza) el zika, el dengue, chicungunya y demás, que cada año vienen con una nueva cepa. Lo bueno es que ya sabremos cómo tratarla. También pudiera ser que aparezca una vacuna definitiva de aplicación universal, porque por ahora nos quieren tomar de conejillos de indias para experimentar varias vacunas.

Despertaremos en un mundo donde la gente como nosotros, de cualquier edad que sea, estará expuesta permanentemente al contagio (maestros, alumnos, médicos, enfermeras, personal de apoyo, guardianes, voluntarios, líderes comunitarios, entre tantos). Si por exceso de confianza nos descuidamos y no seguimos los protocolos y reglas de higiene personal y social, estaremos expuestos a nuevos contagios, porque la permanencia de los virus les da oportunidad de mutar y hacerse resistentes a los tratamientos  conocidos.

Despertaremos en un mundo, donde los empresarios habrán entendido que el trabajo virtual es tan beneficioso como el presencial, siempre que se apliquen los controles de lugar, que los empleados y trabajadores no tienen que estar necesariamente aglomerados en ninguna parte, eso disminuirá el tráfico, los tapones y hasta el comportamiento de la naturaleza. Habrá que entender que en los autobuses, metro y demás medios de transporte, habrá que andar enguantados y con mascarillas, y continuando con todos los protocolos. 

Tenemos que entender que ya no habrá besos ni abrazos físicos, que todos los saludos y afectos tendrán que expresarse a distancia. Pero claro, que siempre habrá noviazgos y matrimonios; las que van a sufrir son esas otras relaciones ocasionales y grupos de amigos que siempre se juntaban. Ahora habrá que recurrir a las reuniones virtuales en las diferentes aplicaciones del internet. 

Ahora cada profesor y cada estudiante tendrán que tener a manos un equipo computarizado para utilizarlo como instrumento de aprendizaje, que ya se acabó el tener los celulares para chatear y buscar páginas non santas de diversiones raras y extravagantes que nos distraían de la realidad, pues ahora hay que situarse de lleno en esta nueva realidad. Ahora hay que sacarle todo el beneficio para aprender y crecer profesionalmente. Se acabaron los parques, los conciertos, las caravanas, los mítines, las actividades masivas en general.

Estamos ante un nuevo fenómeno económico de quiebras empresariales reales y mafiosas, ante un aumento de los costos, la inflación se va a disparar y algunos países tendremos que prepararnos para la estanflación, ante los vicios económicos y el barloteo de los políticos con el dinero del pueblo. Además, la aparición de la banca mafiosa, que tratará de estafar a sus clientes con cargos que disminuirán nuestros magros ahorros, lo que provocará desconfianza y retiros masivos. Es evidente la devaluación de las monedas. Hay que prepararse para los tiempos de las vacas flacas, pues los niveles de desempleo por paros forzosos, nuevos despidos y desaparición de ciertos mercados. La experiencia nos enseña que inmediatamente vendrán los robos, atracos, saqueos, pobladas y hasta guerras civiles, pues como dice un refrán, “la necesidad tiene cara de hereje”. Veremos hacerse realidad la metáfora de las Siete Plagas de Egipto.

Si como se dice, empezó la era de la Guerra Biológica entre las potencias (espero que esa locura no sea cierta para nada), eso no se va a detener y tendremos que prepararnos para mucho, mucho más. Es posible incluso que (con guerra o sin guerra), algunos países sean absorbidos por otros mediante algún mecanismo de los creados por la decadente ONU, ya que son inviables e incapaces de manejarse en tiempos de crisis, o si conviene a los planes de dominio y afanes geopolíticos, los dejarán desaparecer porque su gente moriría toda o en su mayor parte de inanición. Lo que se creía que era un logro de los avances médicos, ahora es una retranca para este nuevo mundo, como ha sido la prolongación de la esperanza y del promedio de vida, ahora este segmento poblacional envejeciente se ha convertido en un estorbo. Ahora parece que hay que morir a los treintaicinco, pues todos los que ofertan empleos  son para jóvenes de veinte a treintaicinco años y con experiencias. ¡Vaya ironía, sarcasmo y deshumanización, todo en un solo paquete!

Nada, absolutamente nada, volverá a ser como antes. Tenemos que prepararnos –siendo muy optimistas- para este nuevo mundo tecnológico, deshumanizado, egoísta y pragmático. Ojalá estemos equivocados.

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