Por Roberto Dominici
Lo que más atrae la atención de todo el país en estos
momentos, es si hubo fraude contra Leonel Fernández. Gonzalo Castillo y sus
partidarios dicen que no, que ganó limpiamente; en cambio, los partidarios de
Leonel Fernández dicen que hubo fraude, que se usaron los recursos del Estado
para imponer al candidato oficialista.
Como yo no tengo vela en ese entierro, lo que más me
aconsejarían mis amigos y allegados es que no me meta “en pleito
ajeno”, que
“el becerro manso se mama su teta y se mama la ajena”, que “en boca cerrada no
entran moscas”, “que uno sabe de hoy, pero no sabe de mañana”, y hasta cosas
peores. Y podrían tener razón, por un lado, claro.
Y ese lado al que me refiero es el del poder del Estado en un
país donde la dignidad, la honestidad y otros valores afines, tienen centros de
compra en puestos fijos, a donde van quienes se han convertido en mercancía, y
como toda mercancía, su precio depende de la oferta y la demanda.
Y son muchos, por cierto. Y serán cada día más en la medida
en que se prolongue la actual descomposición cívica y moral que empuja y
amontona, como un tractor gigantesco, la actual política oficial de pervertirlo
todo, de comprar a todo el que se venda, y de hacerse “el ciego” ante la
corrupción, el tráfico y consumo de drogas, y otros demonios afines.
Del otro lado, el de la moral, la identidad ciudadana, el
compromiso con las causas dignas, la coherencia pasado-presente, la cosa es
diferente, o mejor dicho, muy diferente, aunque los unos y los otros seamos
hijos del mismo entorno, y muchos hasta nacidos y criados en la misma ciudad, y
hasta en el mismo barrio.
Y aunque en lo particular muchos salen beneficiarios de la
forma como se gestiona actualmente el Estado en su conjunto, llámese Junta
Municipal, Ayuntamiento, Cámara de Diputados, Senado, y de último, el Gobierno
Central, en lo general pierde el pueblo, pierden los más pobres.
Y si lo sucedido en estas elecciones fue para perjudicar a un
candidato del mismo partido, comprometido con los mismos intereses del gran
capital, ¿qué no se haría en las venideras elecciones nacionales si se vieran
las posibilidades de que un partido o agrupación de partidos amenazara con
sacar del poder a los actuales partidos y grupos de partidos gobernantes?
Si es Pepito quien responde esta pregunta, apuesto morocota a
cabo de túbano que contestaría: ¡CUALQUIER COSA, MAESTRO!
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