Por Josè D. Sànchez
La Amazona arde, hay que salvar el planeta, hay que castigar
a los culpables.
Las redes sociales están repletas de mensajes y soluciones posibles, cientos de miles de ellas autoría de los dominicanos.
Las redes sociales están repletas de mensajes y soluciones posibles, cientos de miles de ellas autoría de los dominicanos.
Hoy quiero recordar que: Hay un país en el mundo situado en el mismo
trayecto del Sol, un punto en el mapa de alrededor de 48,000 kilómetros
cuadrados que hace apenas 40 años era el paraíso y hoy lo estamos convirtiendo
en cenizas del infierno.
En La Cordillera
Septentrional, desde Tamboril hasta Navarrete, en este corto período de tiempo,
hemos secado casi 60 ríos y riachuelos, y lo peor, sus cauces, riberas y
playas, han desaparecido para dar paso a cinturones de miseria y a construcciones
de toda índole, convirtiendo lo escaso que aún queda de ellos en cloacas
inmundas.
Como si esto fuera poco,
si damos un vistazo y aunque sea de reojo, vemos la realidad, encontraremos que
esas lomas están llenas de llagas, basureros, cráteres y poluciones, granceras
por doquier y en pocos años serán terrenos llanos, pero por fin tendremos mar.
Carlos Díaz, Lomas del
Toro, Guazumal, Gurabo, Jacagua, Villa González, Las Lavas, El Limón,
Navarrete, otrora montes, hoy con escasos arbolados.
En El Pico Diego de
Ocampo hasta los helechos, que hace 15 años impedían el paso con altura hasta
de 2 metros, ya no están, los hemos pisoteados, violado y asesinado.
Antes, el conuquismo era
el culpable de algunos de estos males, pero hoy no, porque el progreso, hasta
con los campesinos ha terminado.
Por La Amazona el mundo
entero está preocupado, pero nuestro país solo por sus habitantes puede ser
salvado.

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