Por Narciso Isa Conde
Volvió
a “amarrar la chiva”, como le decía Hipólito Mejía a sus negociaciones con
Balaguer.
Ese paso político ayuda a entender como la esencia del PRM no es muy diferente
a la del PRD-Vargas Maldonado: uno se vendió al PLD y el otro compra la oferta
sobrevaluada de un grupo que merece el basurero como destino.
En
fin, quedó más claro que el proyecto Abinader no es nada nuevo, moderno o
distinto, y que el PRM no es más que un desprendimiento del perredeísmo
portador de aquellos graves vicios en materia de alianzas, negación de
democracia interna, clientelismo, corrupción e impunidad; llegando al colmo de
premiar a la facción super-corrompida y famélica de Quique Antún con
candidaturas a granel y hasta concediéndole competir bilateralmente la
candidatura presidencial.
Ese
pacto con la claque balaguerista -experta en venderse al mejor postor- retrata
de mala manera la “nueva esperanza” que anuncia Abinader, resultando más
difícil decir que es peor, si unirse a Miguel Vargas y su cascarón PRD o
aliarse a esa facción del destartalado PRSC. Con esa decisión el PRM asumió la
turbia manera de hacer política del PLD y partidos los tradicionales.
El
reparto de candidaturas del PRM al PRSC no pasa de ser una vagabundería
política plagada de antidemocracia y desprecio a sus bases y a la sociedad.
¿Les dará vergüenza a los socios “izquierdosos” y “progre” del PRM en la
Convergencia?
La situación creada refuerza el criterio de que el sistema tradicional de
partidos está en descomposición y de que del seno de su partidocracia
difícilmente puedan surgir fuerzas renovadoras, dado que su crónica degradación
se conecta con el soborno empresarial y la corrupción del Estado y sus
instituciones, aceleradas por la pandemia neoliberal. Crece así la necesidad de
la Constituyente Popular y Soberana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
La Caracola agradece su disposición de contribuir con sus comentarios positivos, siempre basados en el respeto a los demás y en la ética de la comunicación popular.