Iglesia Católica dominicana reitera su postura contra la Corrupción
En esa reunión, que se desarrolla normalmente cada dos meses, los obispos dominicanos emitieron un documento, en el cual reseñan la cantidad de veces que se han referido a el tema de
la corrupción en los últimos cuarenta años. La Caracola publica íntegro dicho documento, para información, ilustración y orientación de sus lectores.
"Nota sobre la Corrupción
9 de diciembre de 2015
En la reunión ordinaria bimestral de septiembre de 2015,
nosotros los Obispos que conformamos la Conferencia del Episcopado Dominicano
(CED) decidimos, con motivo del día Internacional contra la corrupción,
recordar a la nación dominicana algunos pronunciamientos sustraídos de los diferentes
documentos de nuestro magisterio. Hemos escogido tres, justamente de los años
1975, 1995 y 2015. Agregamos, además, un texto de la Bula del Papa Francisco
“Misericordiae vultus” (El rostro de la misericordia), en el que alude al tema
de la corrupción e invita a la conversión.
1- Mensaje de los Obispos de diciembre del 1975
“Es lamentable tener que confesar que, entre nosotros, la
corrupción va llegando a adquirir niveles indecibles. Casi todo lo invade y lo
que es peor va obteniendo carta de impunidad y de descaro público. No es algo
que se trama a la sombra, se consigue ocultamente y se disfruta con disimulo al
revés, se trama a gritos, se consigue a la luz pública y se disfruta con
ostentación y provocación, sobre todo de los que nada o muy poco tienen, o
puede tener, en este país, tierra de todos”.
“En la administración pública la corrupción es más
execrable, ya que el empleado del Estado es un servidor del pueblo y
administrador de bienes comunes, cuya obligación primordial es servir
administrando o administrar sirviendo. Él está ahí en nombre de los
propietarios –los ciudadanos todos de la nación- no para apropiárselos, ni para
malversarlos, ni para dilapidarlos o arriesgarlos, ni para beneficiar políticas
partidistas, sino para defenderlos, custodiarlos y distribuirlos conforme a sus
fines para el bien común, con honestidad e integridad”.
2- Mensaje de los obispos del 27 de febrero de 1995
“No hay entrevistador, que se nos acerque, que no nos pregunte
sobre este tema. Corruptos individualmente los va haber siempre, dada la
flaqueza y avaricia humanas. Lo inquietante, lo desgarrador es cuando la
corrupción se torna “cultura”, modo común de un pueblo, estilo de vida, de
enfrentar la existencia, de resolver problemas fundamentales. Es nuestro caso”
(N.26)
“La honestidad e integridad es una exigencia de la mera ética
natural. Y para los católicos es además una urgencia ineludible de su fe viva.
No se puede ser hijo de Dios y hermano de los que nos rodean con un corazón
corrupto. Decir que amamos a Dios y al prójimo y practicar
la corrupción es algo contradictorio, es negar claramente con
las obras y la vida aquello que proclamamos fácilmente con palabras mentirosas”
(n.30).
“El mejor remedio para la corrupción es la conversión, sincera y
profunda, a Dios. Pero, dado que este remedio es interno y personal y que, por
otro lado, el mal de la corrupción se ha enquistado ya en el alma nacional, es
inaplazable ya una legislación severísima sobre la corrupción en todas sus
modificaciones y un castigo riguroso y ejemplar a cuantos mancillen o pisoteen
esa ley” (N.31).
3- Mensaje de los Obispos del 27 de febrero de 2015
“Siempre nos ha preocupado el fenómeno de la mentalidad de
corrupción en el campo de la administración, tanto pública como privada. La
mayoría de nuestros políticos invierten sumas millonarias en las campañas
electorales con el fin de alcanzar puestos públicos donde se manejen fondos del
Estado para luego multiplicar su inversión económica. Por su parte, las grandes
empresas y negocios apoyan las campañas de los partidos y candidatos que tienen
posibilidades de subir a los puestos públicos. Lo hacen con el propósito de que
estos a su vez les concedan privilegios tributarios y les favorezcan con la
elaboración de leyes que resulten ventajosas para sus empresas y negocios. Así
la política es vista más como un negocio que como un servicio al bien común. En
este juego sucio de intereses políticos, los únicos perjudicados son los
ciudadanos de la clase media y baja que son la mayoría de la población. Con
esta mentalidad política, nuestro país, que es riquísimo en recursos naturales,
es al mismo tiempo muy pobre en justicia y equidad, con terribles desigualdades
sociales y económicas entre los sectores que controlan el poder y la riqueza y
los sectores que componen el resto de la población” (n.26)
“Más que institucionalización para el bien común, el Estado se
convierte entonces en fuente de inequidad a través de la corrupción, que se
utiliza no sólo para el enriquecimiento personal, sino como una plataforma de
financiamiento de la actividad política. De no castigarse ejemplarmente los
casos de corrupción en el Estado, no se podrá esperar de la mayoría de la
población un uso honesto de los bienes públicos ni una actitud de colaboración
en beneficio de la convivencia ciudadana” (n.39).
“Se hacen grandes esfuerzos por adecentar el aspecto
institucional del poder judicial. Pero todavía hay mucha impunidad cuando se
tratan casos en los que están envueltos políticos, militares, narcotraficantes
y gente de dinero. Lo mismo cuando se trata de atracadores, rateros y ladrones,
que en su mayoría actúan en contubernio con autoridades policiales o con
políticos” (n.55).
“Al aumento de la sensación de inseguridad colaboran los casos
escandalosos de fraudes públicos y privados que quedan impunes en la justicia”
(n.56).
4- Mensaje del Papa Francisco
“La palabra del perdón pueda
llegar a todos y la llamada a experimentar la misericordia no deje a ninguno
indiferente. Mi invitación a la conversión se dirige con mayor insistencia a
aquellas personas que se encuentran lejanas de la gracia de Dios debido a su
conducta de vida…
La misma llamada llegue también a todas las personas promotoras
o cómplices de corrupción. Esta llaga putrefacta de la sociedad es un grave
pecado que grita hacia el cielo pues mina desde sus fundamentos la vida
personal y social. La corrupción impide mirar el futuro con esperanza porque
con su prepotencia y avidez destruye los proyectos de los débiles y oprime a
los más pobres. Es un mal que se anida en gestos cotidianos para expandirse
luego en escándalos públicos. La corrupción es una obstinación en el pecado,
que pretende sustituir a Dios con la ilusión del dinero como forma de poder. Es
una obra de las tinieblas, sostenida por la sospecha y la
intriga. Corruptio optimi pessima, decía con razón san Gregorio Magno,
para indicar que ninguno puede sentirse inmune de esta tentación. Para
erradicarla de la vida personal y social son necesarias prudencia, vigilancia,
lealtad, transparencia, unidas al coraje de la denuncia. Si no se la combate
abiertamente, tarde o temprano busca cómplices y destruye la existencia.
¡Este es el tiempo oportuno para cambiar de vida! Este es el
tiempo para dejarse tocar el corazón. Ante el mal cometido, incluso crímenes
graves, es el momento de escuchar el llanto de todas las personas inocentes
depredadas de los bienes, la dignidad, los afectos, la vida misma. Permanecer
en el camino del mal es sólo fuente de ilusión y de tristeza. La verdadera vida
es algo bien distinto. Dios no se cansa de tender la mano. Está dispuesto a
escuchar, y también yo lo estoy, al igual que mis hermanos obispos y
sacerdotes. Basta solamente que acojáis la llamada a la conversión y os
sometáis a la justicia mientras la Iglesia os ofrece misericordia” (n. 19)".
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