Por Carmen Imbert Brugal
Para evaluar si eran más los disgustados
que los satisfechos, basta recordar el resultado de las primeras elecciones
libres después del tiranicidio. Un desprestigiado Consejo de Estado, con más
errores que aciertos, con imputaciones que comprometían la idoneidad de sus
miembros, organizó un certamen electoral con resultados irrebatibles. El
Partido Revolucionario Dominicano -PRD- obtuvo 619,491 votos, la UCN 317,327 y
el Partido Revolucionario Social Cristiano –PRSC- con Alfonso Moreno y Josefina
Padilla en la boleta, 54,638 sufragios.
El triunfo arrollador de Juan Bosch Gaviño
y Segundo González Tamayo, dejó turulatos a los propiciadores de una campaña de
denuestos en contra del candidato a la presidencia. Los adversarios del PRD y
de don Juan, estaban convencidos de la efectividad de sus monsergas mendaces,
rocambolescas. Era un cacareo injurioso que atribuía a Bosch y a su partido,
todas las tropelías imaginables. Apostaron a la ignorancia de una población que
recién despertaba de una pesadilla.
Las urnas hablaron el 20 de diciembre de
1962. El 59% de 1,054,944 votos válidos benefició al injuriado. Los símbolos de
la resistencia no consiguieron el favor popular. Misterios de nuestra historia
que se repiten. Falsías. Percepciones derrotadas. La realpolitik enfrentando ilusiones.
Desde el primer día de gobierno las
promesas de campaña comenzaron a convertirse en realidad. El pánico atenazaba
minorías poderosas cuya única veta liberal fue cansarse de Trujillo. Pretendían
un continuismo sin el tirano, que intentaron una y otra vez. Balaguer azuzó y
seis días antes del golpe de Estado expresó: “El país ignora qué clase de
gobierno tiene, si un gobierno izquierdista, cuya labor consiste en ablandar el
ánimo público y preparar el terreno para el advenimiento de un sistema comunista
o si un gobierno dominado por la noble ambición de realizar una auténtica
revolución social para que las masas se liberen de la injusticia, el privilegio
y la iniquidad de la explotación”.
La voluntad popular poco importó. La
proclamación de la Constitución del 1963, todavía paradigmática, atizó el
fuego. Bosch escribió: “En noviembre de 1962, los jefes militares querían
seguridad, y la podían obtener haciéndose pasar por defensores de la
Constitución; en septiembre de 1963, querían ventajas que un Gobierno
constitucional no podía darles, y en ese caso la Constitución era un estorbo…
(Crisis de la Democracia de América en RD) La ojeriza unió adversarios.
Empresarios, periodistas mercenarios, la jerarquía católica, el cuartel voraz,
elites en disfrute de la heredad del jefe, antiguos compañeros de partido,
diseñaron el plan. Con huelga, mítines de reafirmación cristiana, encono
ideológico y el aval de EUA, solo faltaba la redacción de la ignominiosa acta
notarial.
Después de aquel 25.09.1963 fue el desastre.
Triunvirato, Manaclas, renuncias, rebelión, guerra, intervención. Luego de la
sangre, las actas y el inicio de otro periodo tormentoso de la historia
contemporánea. Hoy, el país es diferente. Quizás no el imaginado ni querido,
pero a nadie se le ocurriría un desmán como el golpe.Menos asumir sus
consecuencias. Si sólo eso aprendió un sector, aprendió algo.
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