El Guión (Parte 3 de 4)*
Por Carlos Darío Sousa
Por supuesto no voy a incluir, ahora, ni los dramas
románticos ni los musicales en los que hay verdaderos joyas.
Al Western llegamos temprano, en los matiné del Ercilia, con
Durango Kid, Charles Starret, cuya filmografía se inicia en el año 1930, casi
iniciando el cine sonoro, y dura hasta 1955. Aunque el primer título de Durango
Kid es de 1940, saltando hasta 1945 con “El retorno de Durango Kid”. Así que ya
pueden imaginar qué “nuevas” eran sus películas.
Los films de Gene Autry, el vaquero cantante, o más bien el
cantante vaquero, era otro de los que hacía presencia en los matiné. En la
distancia del tiempo, sus películas me siguen pareciendo sosas, por no decir
pendejas. Quizás porque me gustaba más el corre-corre de buenos contra malos,
“peleando contra Kid Carsom, la rueda de los bandidos”, y los gaps de humor de
“sapo”, en las de Durango Kid, y que éste no se despachaba con una guitarra y
unas canciones después de perseguir a “indios y malos”, que casi siempre eran
lo mismo, y por supuesto, después de cambiar su ropa negra y el pañuelo que
cubría parte de su cara, y dejar su alazán blanco “bullet” en su escondite
entre rocas y árboles y montar a “raider”.
Los domingos, en los muñequitos de El Caribe, estaba Red
Ryder y Castorcito, y esto de pasaba, pues el “comic” está también ligado
indisolublemente al “Far West” con cientos de personajes y argumentos plasmados
en unas cuantas páginas normalmente a todo color.
El tiempo avanza y vamos con él viendo películas más
motivadas, con argumentos y realizaciones, estudios sicológicos de los
personajes, que las convierten en clásicos, al fin y al cabo son el reflejo de
los mitos que las sociedades construyen alrededor de hechos, de tramas, de
hilos temáticos, de fenómenos que construyen siempre las sociedades desde la remota antigüedad.
El Western es un género particularmente norteamericano, y
forma parte de los mitos de su creación, de su épica, porque el Oeste fue la
última frontera donde miles de hombres y mujeres viajan hacia el Oeste,
domesticando el paisaje y construyendo sus hogares, asegurando, con sus héroes,
como Moisés llevando a su pueblo a la tierra prometida, los territorios a los
pioneros. El Western siempre está incardinado en le pasado, pero siempre tiene
una visión del futuro, es la historia universal que se repite.
Tiene también una red de símbolos propios, que se inicia con
el “jinete” que es cazador y guerrero, de carácter puro y noble, que vive de
acuerdo a un código moral que es propio del Oeste.
Aunque tenga los principios básicos de todo film, lleva una
simbología propia: el revólver, el sombrero, la estrella, esto de inicio, a lo
que podríamos ir agregando las extensas llanuras del oeste norteamericano,
símbolo de libertad, el conflicto que girara en torno a los alambres de púas o
las cercas, la ganadería y el agricultor. Sociedad moderna y sociedad rural.
Ciudad frente al campo. Conflicto igual que en cualquier etapa del desarrollo
humano, diríamos que es bíblico, por no decir anteriores al viejo testamento, y
si es lo otro, es decir, el fratricidio, Caín, agricultor, Abel, pastor, ponen
en escena algo que se repite desde hace tiempo hasta la actualidad.
Los que en la Panadería de Camilo, ahí con Mandín González a
la cabeza, hacíamos concursos en lecturas de novelitas de vaqueros, de muchos
autores, pero fundamentalmente las de Marcial LaFuente Estefanía , Zane Grey no
tanto, aunque este quedó remitido al Dic Power, nos trae “Teatro del Oeste” en
la televisión y que no competía con Wyatt Earp, el cheriff que impuso la ley en
el viejo Oeste y que era rapidísimo sacando el revólver. Todas esas novelitas
siempre conllevaban, como mínimo, un análisis del texto o del argumento, pues
había que comentarlas. Tampoco es extraño que nos “tiráramos” todas las
películas del género que pasaban en los cines, principalmente en el Ercilia o
en la naciente televisión dominicana, cuya programación, a partir de las cuatro
de la tarde, y hasta entrado los sesenta, siempre incluyó telefilm de vqueros,
como” Cisco Kid”, “Roy Roger”, “El Llanero Solitario”, “Bast Mastersom”,
“Hopalong Cassidy”, “La ley del Revólver” (en las que San Peckinpah es
guionista), “Colt 45”, Maverick”, “Cheyenne” y otras tantas con diferentes
argumentos, o como “Bonanza”, que aún las pasan en TCM.
El género, como casi todo en la vida, tiene sus ciclos y sus
preferencias dentro del público. Hay un canal de televisión norteamericana
dedicado exclusivamente a las vaqueradas “Encore (repetición) Western” , y la
verdad que con diferentes calidades, pasan de todo, desde series hasta
clásicos.
En las vaqueradas hay actores y películas que son verdaderos
representantes o íconos del género. ¿Quién puede olvidar, en blanco y negro ( y
después a color), a Gary Cooper, a Henry Fonda, o al mismísimo John Wayne, en
films tan importantes como “La Diligencia”, Río Rojo”, “El hombre que mató a
Liverty Balance” (1962)?
¿Quién puede olvidar a Gary Cooper y a Grace Kelly en “High
Noon” o “Solo ante el peligro”, o “A la hora señalada” (1952)? A Glen Ford en
“El Pistolero más rápido del mundo”, o “El Pistolero invencible” (1956)? Quién
olvida el duelo en el Corral Ok, con innumerables versiones, una del año 1946
“Pasión de los Fuertes”, Henry Fonda y Víctor Mature, y “Duelo de Titanes”
(1956), con Burt Lancaster y Kirk Douglas?
¿Qué decir del “Tren de las 3.10 a Yuma” (1957), con Glen
Ford? Hay un remake de 2007, con Christian Bale y Russel Crowe, ambas
francamente bien realizadas y contienen las esencias o elementos del western ,
pero en ellas aparece el signo del progreso o de la civilización: el tren en
que trasladaran a un detenido a la cárcel.
*El autor es catedrático universitario.-
*El autor es catedrático universitario.-
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