4 de mayo de 2015

LECTURAS Y VIVENCIAS DE CARLOS DARÍO

El Guión (1 de 2)

Por Carlos Darío Sousa

Resultado de imagen para el guion cinematograficoEl cine, el teatro, y casi (como hoy día), hasta la actividad política y empresarial, tienen un guión que hay que seguir para tener resultados con la intención de creíbles, o al menos, rentables.

Guión, según una de las acepciones del diccionario Larousse, es “Esquema director para la redacción de un texto, para pronunciar un discurso, para el desarrollo de
un programa de televisión// Texto en el que figura el diálogo de una película con todos los detalles relativos al rodaje, tales como planos, luces, decorado, efectos especiales”. En el Larousse de sinónimos y antónimos, guión es “Argumento, sinopsis, libreto, asunto, tema// Raya, línea, signo, trazo”.

A todos los que desde niños nos gustó el mundo del cine y que fuimos al matiné del Ercilia, y de adolescentes a las tandas Vermut, y en las noches también al Unión y al Bahoruco, y ya fuera del ámbito provincial y en otras latitudes seguimos con esa afición, y hoy, ya en el otoño de nuestra vida seguimos dándole gusto a la afición, un poco más amplia con la adición al teatro, y un poco en la tangente con la música culta, gracias al Cable y a los sistemas satelitales, las Parábolas, se puede ver el canal de la UNAM (Skay), y en otras el canal norteamericano ARTS, francamente de lo mejor que existe en los sistemas de televisión cultural.

Así pues, esas actividades se realizan gracias a un montaje en base a un guión, cuyo autor o autores tienen el crédito por los mismos.

La política, y muchas veces las empresas, realizan sus actividades en base a guiones, como si fuera una película, una obra de teatro o la puesta en escena de una Sinfonía o de un Ballet. Todas tienen un guión, y el éxito de su montaje, combinación de diferentes partes, está en el guión y en el argumento, en su contenido, que es, por supuesto, parte del guión. Y si éste tiene los “sabores” que le gusta al destinatario, que es el público, puede garantizar más o menos el éxito.

Por aquel entonces, en el tiempo lejano, llamábamos “clavo” a aquellas “películas” que hoy se llaman de tercera (por no decir de quinta) o estafa, cuyos guiones eran francamente intrascendentes, aunque a veces aparecía alguna con un populismo plebeyo y con aristas políticas, y alguna con un mensaje en lo subliminal con indicaciones sexuales, que nos dejaban pensando, y no más de ahí, pero de todas formas íbamos a verlas, al fin y al cabo el Barahona de finales de los cincuentas e inicio de los sesentas no ofrecía muchas alternativas a los adolescentes.

Nos fuimos tirando las “mexicanadas”, incluyendo los clavos de Clavillazo. ¿Se acuerdan de “Todo calmadito”? Las series de pancraciastas y las de charros cantantes enamorados y serenateros (Pedro Infante, Jorge Negrete, Miguel Aceves Mejía), muchas con canciones de Manuel Esperón (1911-2011), que le puso música a 489 películas (“Allá en el Rancho Grande”, “Ay Jalisco no te rajes”, “A la orilla del mar”, “Amorcito Corazón”,  “Flor de Azalea”).  O el mismísimo Agustín (y siete nombres más) Lara (1900-1970) (a quien tuve la oportunidad de conocer en la cafetería “Puerto Rico”, en la Gran Vía de Madrid, en 1964) con un piano montado en un camión, entonando “Farolito”; de rumberas (algunas de ellas vinieron a la Semana Aniversario), como María Antonieta Pons, Ninón Sevilla, Tongolele, con su mechón, Ana Bertha Lepe, todas dando piquetes, y más bien escasas de ropa (mucha para los niveles actuales), y la verdad, el argumento era lo de menos; y de gánsteres con sombreros tipo americano, que ni cerca estaban de las caracterizaciones de James Cagney o de Humphrey Bogart.

Hay algunas películas con guión de Luis Spota, el mismo que escribió en época de dominio del PRI la serie “La costumbre del poder”, y que disfrutamos y comparamos con la realidad dominicana de finales de los 60s y parte de los 70s.
Cantinflas y sus cantinfladas era otra cosa. Con él y todas las películas mexicanas, siempre dimos un paseo por ciudad México y la realidad política de ese país.

Claro que otro tema era el de las guerras, o de acción bélica, que nos despachaba la Fox y la Republic Film y otras productoras, que conjuntamente con las de fantasías, esos monstruos japoneses, como la “carcaña”, o de invasiones extrarrestres que llenaban un buen espacio de nuestras noches a partir de las ocho y quince cuando se apagaba el timbre del Unión, o las luces del Pórtico del Ercilia o del Bahoruco.

De las de guerra, había que recordar entre otras, a “Guadalcanal” (1943), donde vimos a Richard Conte con su ametralladora Thomson, tirando tiros sin agotar el peine. La pasaban todos los años.

Y en la Ciencia Ficción, ya con argumentos más trascendentes, “El día en que la tierra se detuvo”, según la versión actual y que la primera se llamó “Ultimátum a la Tierra” (1951), done pudimos oír, por primera vez, “Gort, Klatu Baranda Nikto”, para que el enorme robot sea obediente, se desactive y no destruya la tierra. Por supuesto, ¿quién puede olvidar “El Planeta desconocido”? (1956), que contiene el argumento del científico que crea un verdadero monstruo con su poder del cine, y que lleva hasta el infinito las reglas que rigen la materia y que fueron expuestas por uno de los más grandes de SyFy, Isaac Asimov.

Por supuesto, por ahí estaban Sara Montiel, con su “Último Cuplé”, y Joselito (él solo era película), llenando de canciones que, a pesar de los años, seguimos cantando como si fueran de ahora mismo. Los “triple hits” del Bahoruco, de luchadores, El Enmascarado de Plata, El Santo. Cómico como Clavillazo, y el siempre bien acompañado y sicalíptico Tin Tan, con su carnal Marcelo, que ameritaban un permiso especial (por la hora de salida), y había que estar ojo avizor dentro del cine, por si Diablo Viejo hacía de las suyas.

Las series siempre fueron parte del complemento del matiné: Flash Gordon, en Ciencia Ficción, y los de lucha libre mejicanas, hacían que se llenara el Ercilia y el Bahoruco.

*El autor es catedrático universitario.-

No hay comentarios:

Publicar un comentario

La Caracola agradece su disposición de contribuir con sus comentarios positivos, siempre basados en el respeto a los demás y en la ética de la comunicación popular.