Por Manuel Núñez
2.La trágica fragmentación de la sociedad dominicana
Nuestro país se haya amenazado por el ejército de desempleados más grande del continente (70% de la población haitiana), con el salario más bajo (89 dólares mensuales: los salarios primarios en nuestro país oscilan entre 149 dólares y 249 dólares). Obligados a competir con esta masa humana, dispuesta a destruir el valor del salario y a convertir el crecimiento económico que ha tenido nuestro país en agua de borrajas. ¿Cuáles razones humanitarias justifican la invasión desordenada de todos esos desempleados para devorar la poquísima prosperidad que hemos construido penosamente en los últimos cincuenta años? ¿Qué puede justificar que un país, con un desempleo endémico tenga que abrir sus fronteras, que no pueda aplicar sus leyes de migración y, además, se le acuse de los peores crímenes, cuando intenta preservarle el porvenir a su población? ¿Qué tipo de defensores de los derechos humanos son éstos que condenan a los trabajadores dominicanos--- sin empleo, sin medios para ganarse la vida-- a la delincuencia, a la prostitución, al juego, al narcotráfico y a la emigración ilegal?
A ellos no los mueven los derechos humanos, sino el proyecto de deshacer a la República Dominicana y llevar a cabo un experimento geopolítico en la isla de Santo Domingo. Poner a su clase empresarial al servicio de un proletario extranjero. Olvidarse del patriotismo que nos obliga a tomar la decisión de preservarles el bienestar a nuestros trabajadores
¿Qué harán todos miles de dominicanos que no tienen acceso a los empleos de la agricultura, que no tienen posibilidad de trabajar en los empleos creados por las grandes obras públicas: el Metro, las grandes avenidas, las ampliaciones, las presas, los trabajos de ODEBRECHT, que no tienen derecho a trabajar como buhoneros, ni siquiera tienen el derecho a ser pobres de solemnidad y mendigar en las esquinas?
Todos aquellos para los cuales el trabajo ha desaparecido, que han sido sustituidos por haitianos, ¿qué harán? ¿Se irán de pesca con sus hijos? ¿Tomarán vacaciones permanentemente en las playas de Juan Dolio hasta que los políticos se acuerden que deben reorganizar la vida de otro modo? ¿Qué hará toda esta gente, a las cuales las políticas sociales no les llegan? ¿Jugarán una quiniela o un billete de lotería? ¿Se prostituirán? ¿Engrosarán las bandas de delincuentes o se irán en una yola a Puerto Rico, si es que los tiburones, los bravísimos tiburones y tintoreras del canal de la Mona, se los permiten?
Sobre esa realidad nadie habla. ¿Qué dirá el Santo Padre a quien le han calentado las orejas con relatos escalofriantes contra nosotros? ¡Ay, si el Santo Padre supiera cómo un hecho externo nos ha destruido la vida! Con mentiras grandes como catedrales nos han arrebatado el control del territorio, de los hospitales, de las escuelas, de los empleos y nos quieren arrancar el porvenir, y como si todo lo anterior fuera poca cosa, emplean el dinero de sus patrocinadores para llevar a cabo campañas injuriosas y echarle a las fieras la reputación de nuestro país.
El ultra liberalismo sólo calcula los intereses de la patronal de tener bajos salarios, permitiendo de que las montañas de trabajadores haitianos, destruya el valor del esfuerzo. El Gobierno ha quedado atrapado por la servidumbre a estos grupos de intereses, a las presiones de las ONGs y a los grupos internacionales que conciben a la República Dominicana como una masa de borregos y vasallos.
¿Dónde está el Gobierno que hemos elegido para que nos defienda?
La prioridad del Gobierno no es ocuparse de una población extranjera, sino detener el sufrimiento de los trabajadores dominicanos, privados del bienestar que produce la economía del país, privados de los yacimientos de empleos. Por encima de toda esta barbarie, por encima de la desesperanza que han creado arrodillando al país, a nosotros nos toca defender a nuestros compatriotas de esta invasión desproporcionada.
Los trabajadores dominicanos no son una cifra, ni una estadística, ni un cuadro ni un esquema de power point. Son seres humanos que sufren y padecen. La economía no puede estar condicionada por los sueldos miserables que se pagan en Haití. Necesitamos que se imponga, como mandan las leyes, un patriotismo económico que una al trabajador dominicano con los yacimientos de empleos que el país produce. La economía dominicana debe estar al servicio de los dominicanos, y no al servicio de las ganancias excesivas, el egoísmo, el individualismo y las ocurrencias del ultra liberalismo.
¡Trabajadores dominicanos! ante una clase política que se ha arrodillado ante el intervencionismo extranjero y ha cedido ante el chantaje de los haitianos, tenéis mucho que perder. En una gran proporción, habéis perdido los mecanismos de supervivencia. El trabajo que dignifica y redime de la miseria. El trabajo que nos devuelve la autoestima, la esperanza y el deseo de hacer grande y permanente esta patria.
Sin organización, perderéis los hospitales, invadidos por las grandes marejadas de enfermos del país más insalubre del continente.
Perderéis las escuelas; penetradas hasta el tuétano por las consecuencias del colapso haitiano. Perderéis vuestros grandes ríos y vuestros bosques, víctimas de las necesidades de un vecino que consume más de 6 millones de metros cúbico de madera por año. Perderéis la prosperidad y, lo más grave de todo, si no se detienen a los traidores y a los sepultureros de la nación, si no enfrentáis a vuestros enemigos, si no tomáis el control de vuestro destino, para conducir a un país que ha perdido el rumbo de la prosperidad, que se ha olvidado de sus hijos, perderéis la patria.
Al pueblo dominicano que en estos momentos sólo ustedes encarnan le toca rechazar todas esas tutelas ideológicas y políticas. Le toca defenderse de la disolución y de la montaña de acontecimientos trágicos traídos por esta vecindad devastadora.
Le toca recoger la bandera, que han encontrado tirada por el suelo. La bandera que nos dejó Juan Pablo Duarte que representa la Independencia de todas las tragedias que nos circundan.
Nosotros no podemos, por más dialéctica que empleen para ocultar la verdad, traspasarle nuestra nacionalidad a extranjeros que no tienen vocación de convertirse en verdaderos dominicanos. Que le pegan fuego a nuestra bandera; que desprecian nuestro himno nacional; que no comparten nuestro modo de vida, nuestras tradiciones, nuestra cultura ni nuestro destino ni respetan nuestras leyes, que llevan campañas contra nuestra soberanía, y que son la plataforma de una colonización que terminará sepultando nuestro porvenir como nación independiente.Si no actuamos, perderemos el centro de gravedad de nuestras vidas.
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