16 de septiembre de 2026

La República Dominicana no es una Pelota que los Políticos Puedan Pasarse de Mano en Mano

Por Ernesto Heredia

La sociedad dominicana parece condenada a discutir los mismos problemas generación tras generación. Cambian los presidentes, los funcionarios y los partidos en el poder, pero continúan las dificultades con los servicios públicos, el costo de la vida, el agua, la electricidad, las calles y el transporte.

Y mientras la ciudadanía enfrenta esas precariedades, la política continúa girando alrededor de quien llega, quien se queda y quien consigue una posición dentro del Estado.

El país no puede seguir siendo tratado como una pelota que los políticos se pasan de mano en mano cada cuatro años.

Una de las mayores preocupaciones debería ser que aquello que funciona no termine deteriorándose. El reciente episodio de la Línea 2 del Metro vuelve a poner sobre la mesa esa discusión. Una avería eléctrica obligó a suspender durante casi dos horas el servicio entre las estaciones Pedro Bonó y Ramón Cáceres, afectando a cientos de pasajeros.

Una falla técnica puede ocurrir. Lo que sí debe exigirse es saber si existe el mantenimiento adecuado, prevención y capacidad de respuesta para evitar que los servicios esenciales colapsen cuando más se necesitan.

Porque *no basta con construir obras; hay que mantenerlas funcionando*.

Lo mismo ocurre con el resto del Estado. Una parte de la población escucha hablar de crecimiento y avances, pero cuando sale a comprar alimentos encuentra precios elevados; cuando necesita agua, enfrenta interrupciones; cuando transita por determinados sectores, encuentra calles deterioradas, y cuando paga sus servicios, siente que la calidad no siempre se corresponde con el costo.

Ahí está una de las grandes contradicciones nacionales: los indicadores pueden mostrar avances, pero la experiencia cotidiana de la gente también cuenta.

El Estado tampoco puede convertirse en un botín político. Cada gobierno tiene derecho a colocar a sus funcionarios, pero las instituciones necesitan continuidad, personal capacitado y evaluación de resultados. Lo que funciona debe conservarse; lo que no funciona debe corregirse, independientemente de quién lo haya creado.

La ciudadanía está cansada de escuchar promesas y explicaciones mientras los problemas se repiten.

Necesitamos políticos a los que realmente les duela el país. Servidores públicos que entiendan que administrar el Estado no es repartirse un pastel, sino manejar recursos que pertenecen a todos.

Y necesitamos ciudadanos dispuestos a exigir algo más que discursos: *resultados, transparencia y servicios públicos que funcionen*.

Porque gobernar no debería consistir en demostrar que el país avanza.

Debería consistir en hacer que la gente pueda sentirlo.

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