Por Ernesto Heredia
Cada vez que una comunidad 0 in barrio sale a las calles a reclamar agua potable, electricidad, cupos para sus hijos en las escuelas, pavimentación de calles, empleos o simplemente recursos para sobrevivir, la respuesta de los gobiernos de turno parece ser siempre la misma: *“Hemos hecho lo que nadie había hecho y estamos mejor que los gobiernos anteriores”*.
Y quizás sea cierto que el país ha
avanzado. República Dominicana ha cambiado, ha crecido y ha construido
importantes obras. Pero hay una pregunta que seguimos sin responder: *¿por qué
después de más de 60 años seguimos protestando por las mismas necesidades?*
Cambian los presidentes, cambian los partidos, cambian los funcionarios y cambian las promesas, pero en muchos barrios el reclamo sigue siendo exactamente el mismo. Hay comunidades que todavía tienen que protestar para conseguir agua, barrio's y ciudades que sufren apagones, padres que buscan desesperadamente un cupo para sus hijos en las escuelas y jóvenes que, después de estudiar, siguen sin encontrar una oportunidad de empleo.
El problema es que los gobiernos
suelen medir sus resultados comparándose con quienes estuvieron antes. “Hicimos
más que el anterior”, “invertimos más”, “construimos más”. Pero al ciudadano
que tiene una llave seca, una calle intransitable o un hijo sin cupo escolar, poco
le importa quién hizo menos.
*La gente no quiere saber si
estamos mejor que hace 20 años; quiere saber por qué todavía no tiene lo
básico.*
No se trata de negar los avances ni
de desconocer las obras realizadas. Se trata de entender que el verdadero progreso
no puede medirse solamente en kilómetros de carreteras, hospitales inaugurados
o cifras de inversión. También debe medirse por la cantidad de problemas que
dejamos de tener.
Porque si después de seis décadas, seguimos viendo protestas por agua, luz, educación, empleo y calles, cosas palpables que nos muestran esa realidad.
Quizás hemos cambiado mucho como
país, pero todavía no lo suficiente en la vida cotidiana de quienes más
necesitan ese progreso.
Por eso, la próxima vez que una
comunidad salga a protestar, quizás deberíamos escuchar menos el discurso de
que *“estamos mejor que antes”* y preguntarnos algo mucho más sencillo:
*¿Estamos realmente viviendo como
merecemos?*
Porque estar mejor que ayer no debería ser la meta. La meta debería ser que mañana tengamos menos razones para quejarnos y protestar.
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