9 de mayo de 2020

Tres Errores Garrafales en la Lucha Contra el COVID-19


Por José D. Sánchez

1.- El fracaso del toque de queda
El toque de queda, como se ha llevado a cabo, es la ridiculez más grande contemplada en los anales de nuestra historia, igual que las penas aplicadas.
Por las razones que fueran se vulgarizó y no rindió su cometido, jóvenes aprendices de bandidos lo ridiculizaron, iglesias y partidos se burlaron, solo sirvió para los educados y para aquellos que les duele el sufrimiento de nuestro pueblo, para los que lamentamos las muertes, los que respetamos y nos quedamos encerrados.

2.- La no paralización del transporte público
El transporte público tenía que ser paralizado y reducido a su mínima expresión, sin importar el costo económico o social si el interés era salvar vidas y salir airoso en la lucha contra este microscópico pero letal asesino.

Los primeros que tenían que quedarse en sus casas eran los motoconchistas, como están organizados en sindicatos y federaciones, es fácil constatarlos y el costo económico no resulta tan elevado para el gobierno si con esa medida cerrábamos un canal a la propagación del virus.

Las rutas de conchos en toda la nación tenían que ser paralizadas, ese es uno de los principales agentes para la transmisión de la pandemia.

El 80% de los choferes de carros públicos anda en vehículos alquilados, los dueños son empresarios del transporte, el gobierno tiene conocimiento de esa situación y además, todos sólo somos un número en el sistema de datos, es muy fácil con esas listas, también en poder de los sindicatos, saber a quiénes había que proteger y garantizarles los recursos necesarios para subsistir el tiempo que estuvieran en cuarentena.

Había que eliminar el modo de transporte barato a la ciudadanía, para cerrarle el paso a uno de los principales agentes de infección.

3.- La posposición de las elecciones
Con la experiencia de los comicios de marzo, teníamos claro y diáfano cuáles medidas había que continuar, cuáles mejorar y las nuevas a implementar, para evitar una propagación masiva de la pandemia.

Sabiendo de antemano que las elecciones se realizarían el día y la fecha acordada, 17 de mayo del 2020, todos los elementos políticos, desde el candidato a diputado de la región más remota, hasta los aspirantes a la presidencia, tenían que poner su grano de arena, y sus cuotas de fundas, para que las votaciones fueran organizadas y masivas.

Todas las organizaciones tenían que velar por la salud y el bienestar de sus simpatizantes y sólo es posible resolviéndoles sus necesidades y evitando su contagio, para que estuvieran sanos y con ánimo para ir a ejercer su derecho al voto y sobre todo teniendo la casi seguridad de que volverían libres del virus a sus hogares.

Los candidatos y los partidos políticos hubiesen sido más colaboradores para que se cumplieran las disposiciones de las autoridades de salud y del orden público, haciendo efectivo, con su ayuda, el toque de queda y el llamado de quédate en casa.

Si las elecciones fueran el 17 de este mes los políticos tendrían el tiempo en contra y la única forma de salir electos o reelegidos sería por el trabajo realizado en sus comunidades a favor de los votantes, preocupándose por que no les faltare nada y buscando la una y mil maneras de que no se contagiaran ni contagiarse.

La posposición de los comicios ha traído este carnaval electorero donde sus protagonistas no les importan los muertos ni infectados, solo luchan por sus intereses particulares y que salga su número premiado cuando se realice el escrutinio y el conteo de los votos.

Pasada la distracción del carnaval electoral, sólo quedaba una salida, la unificación de voluntades para enfrentar al enemigo, que ya sería común, y tratar de sobrevivir para contarlo.

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