Por José D. Sánchez
1.- El fracaso del toque de queda
El toque de queda, como se ha llevado a cabo, es la ridiculez más grande
contemplada en los anales de nuestra historia, igual que las penas aplicadas.
Por las razones que fueran se vulgarizó y no rindió su cometido, jóvenes
aprendices de bandidos lo ridiculizaron, iglesias y partidos se burlaron, solo
sirvió para los educados y para aquellos que les duele el sufrimiento de
nuestro pueblo, para los que lamentamos las muertes, los que respetamos y nos
quedamos encerrados.
El transporte público tenía que ser paralizado y reducido a su mínima
expresión, sin importar el costo económico o social si el interés era salvar
vidas y salir airoso en la lucha contra este microscópico pero letal asesino.
Los primeros que tenían que quedarse en sus casas eran los motoconchistas,
como están organizados en sindicatos y federaciones, es fácil constatarlos y el
costo económico no resulta tan elevado para el gobierno si con esa medida
cerrábamos un canal a la propagación del virus.
Las rutas de conchos en toda la nación tenían que ser paralizadas, ese es
uno de los principales agentes para la transmisión de la pandemia.
El 80% de los choferes de carros públicos anda en vehículos alquilados,
los dueños son empresarios del transporte, el gobierno tiene conocimiento de
esa situación y además, todos sólo somos un número en el sistema de datos, es
muy fácil con esas listas, también en poder de los sindicatos, saber a quiénes
había que proteger y garantizarles los recursos necesarios para subsistir el
tiempo que estuvieran en cuarentena.
Había que eliminar el modo de transporte barato a la ciudadanía, para
cerrarle el paso a uno de los principales agentes de infección.
3.- La posposición de las elecciones
Con la experiencia de los comicios de marzo, teníamos claro y diáfano
cuáles medidas había que continuar, cuáles mejorar y las nuevas a implementar, para evitar una propagación masiva de la pandemia.
Sabiendo de antemano que las elecciones se realizarían el día y la fecha
acordada, 17 de mayo del 2020, todos los elementos políticos, desde el
candidato a diputado de la región más remota, hasta los aspirantes a la
presidencia, tenían que poner su grano de arena, y sus cuotas de fundas, para
que las votaciones fueran organizadas y masivas.
Todas las organizaciones tenían que velar por la salud y el bienestar de
sus simpatizantes y sólo es posible resolviéndoles sus necesidades y evitando
su contagio, para que estuvieran sanos y con ánimo para ir a ejercer su derecho
al voto y sobre todo teniendo la casi seguridad de que volverían libres del
virus a sus hogares.
Los candidatos y los partidos políticos hubiesen sido más colaboradores
para que se cumplieran las disposiciones de las autoridades de salud y del
orden público, haciendo efectivo, con su ayuda, el toque de queda y el llamado
de quédate en casa.
Si las elecciones fueran el 17 de este mes los políticos tendrían el
tiempo en contra y la única forma de salir electos o reelegidos sería por el
trabajo realizado en sus comunidades a favor de los votantes, preocupándose por
que no les faltare nada y buscando la una y mil maneras de que no se
contagiaran ni contagiarse.
La posposición de los comicios ha traído este carnaval electorero donde
sus protagonistas no les importan los muertos ni infectados, solo luchan por
sus intereses particulares y que salga su número premiado cuando se realice el
escrutinio y el conteo de los votos.
Pasada la distracción del carnaval electoral, sólo quedaba una salida, la
unificación de voluntades para enfrentar al enemigo, que ya sería común, y
tratar de sobrevivir para contarlo.

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