Por Rafael Hernández
Sin la radio-tv, teléfonos,
celulares y las redes, era muy difícil transmitir noticias. Había telégrafos en
la segunda mitad del siglo XIX y al final, cuando Lilís, se introdujeron el
teléfono, la electricidad, y el país se conectó con el cable internacional.
Las noticias llegaban en código
telegráfico y el gobernador tenía un decodificador. Entonces el gobernador
formaba un Bando, salía montado sobre un caballo, mientras los miembros
escogidos de la banda militar tocaban redoblantes, la gente se aglomeraba en
determinados puntos de la ciudad y allí, con aire marcial, el gobernador o su
delegado, leía el Bando con las instrucciones de lugar.
Ya en los inicios del siglo XX
que se introdujo el teléfono, solo había uno en la Gobernación, quien autorizaba
previo permiso al Ayuntamiento, Tribunales de Justicia y otras dependencias
estatales, a enviar o recibir telefonemas por el mismo. Luego, algunos
emprendedores como José González, instaló una compañía telefónica en La Vega y
Pelayo Rancier otra en Moca, y así sucesivamente en dos o tres más de las
principales o ciudades. Incluso, en esos tiempos de los años veinte, en Obras Públicas y Comunicaciones ya se hablaba de teléfonos Wireless. Pero el número
de los abonados era muy limitado, salvo que todos los comercios de La Vega,
además de tener teléfonos en sus negocios (y a veces hasta en la casa) estaban
conectados al cable y los importadores y exportadores tenían empleados que
dominaban inglés, francés y árabe.
La Vega tuvo la ventaja de
tener ferrocarril conectado con Sánchez-Samaná desde 1887, y diez años más tarde
Puerto Plata con Santiago (ambas compañías tiraron un ramal que conectaba a
Moca), lo que les dio ventajas informativas sobre otras provincias por la
cantidad de viajeros extranjeros que a diario visitaban dichas comunidades. Las
ciudades con puertos también disfrutaron estos privilegios. Luego, en 1920
llegó la carretera Duarte a La Vega desde Bonao y continuó hacia Moca y desde
ahí a Santiago (aunque en realidad a Moca llegaba un ramal construido en
tiempos de Mon Cáceres, uniéndola con La Vega, y fue aprovechado ese viejo
camino para construir la Duarte y kilómetros antes de llegar a Moca, gira hacia
Santiago pasando por Licey al Medio).
Entonces, prevenidos los
gobiernos, a través de Relaciones Exteriores, el asunto pasaba a Interior y
Policía, que instruía a los Ayuntamientos sobre la situación epidémica y estos
se preparaban para las emergencias. Cuando había vacunas, las pedían al
extranjero, porque los Ayuntamientos eran auténticos Gobiernos Municipales con
un Dpto. de Sanidad y Bienestar Social, dirigido por un Médico que convocaba a
Asamblea permanente y todos los médicos del pueblo formaban un Comité
permanente de Emergencias que enfrentaba con éxito cualquier epidemia, incluso
trabajando gratuitamente. Además, en Bienestar Social el Ayuntamiento
proporcionaba parteras a las mujeres parturientas, pues todavía no teníamos
ginecólogas sino para un reducido núcleo socio-económico y la mayoría nacíamos con
la asistencia de las parteras municipales. Igual cuando alguien no tenía con
qué divorciarse, el Ayuntamiento le daba la asistencia legal gratis, y desde
luego, cuando la epidemia estaba en su pico, se encargaba de recoger los
cadáveres en las carretas del tren de limpieza (recogida de basura), tiradas
por mulas, y los depositaban en las fosas comunes del cementerio. Siempre la
fuerza pública y la policía municipal (no existía la PN actual) se encargaban
del orden en estos casos, de hacer cumplir las cuarentenas e impedir los
velatorios, para detener el contagio.
Me ha tocado vivir Tres tipos
de Semana Santa
En mi niñez la semana
era de recogimiento total. Venía tía del campo con un saco de gandules. ¡A
desgranar gandules!, porque eso no se veía en el resto del año, habas, gandules,
tomates grandes, repollo, bacalao, lechuga, tayotas, berenjenas, abundancia de
huevos. Recuerdo a mi madre cantando todas esas tonadas religiosas. De
tardecita, a bañarse todo el mundo para vestirse adecuadamente e ir al
Viacrucis, que veo que han variado muy poco.
Desde entonces me
encantaban las imágenes de los santos, y luego por la mañana buscaba barro y
los modelaba como todo un escultor. Luego íbamos a volar chichiguas, porque
todavía eran muy escasos los automóviles en las calles.
El atractivo para los
muchachos eran la Habichuelas Dulces (no con dulces). Las hacían con leche de
coco y ese coco lo pelaban y guayaban el miércoles en la noche o el jueves
temprano, la generalidad de la gente utilizaba leña y fogones, y esa leña era
astillada desde el miércoles, para no tener que hacer ningún ruido durante la
muerte y velatorio de Jesucristo. Si un muchacho hacía algo malo que mereciera
una pela, se la diferían para el repique de Gloria, que entonces era el sábado a
las diez de la mañana. Los jueves en la noche era el lavatorio de pies y el
viernes a la una era el sermón de las Siete Palabras, que todos escuchaban, o en
la iglesia que se abarrotaba y quedaba mucha gente fuera y en el parque, o por
la radio donde los había, pero eso sí, lo ponían a todo volumen. Solo quedaba
La Voz Dominicana difundiendo música sacra que la gente por lo general no
entendía, ninguna otra de las escasas emisoras de radio laboraba. Solo teníamos
el canal 5 de La Voz Dominicana de Santo Domingo (ciudad Trujillo). El sábado
en la tarde se abarrotaban los cines para ir a ver La Pasión de Cristo, ya muy
deteriorada por el sobreuso.
El viernes era un día
nulo, como si no existiera, pero en la tarde estaba el Santo Entierro, en coche
de cristal tirado por caballos. Recuerdo que cuando el cura se subía a la
escalera para quitarle los clavos al crucificado y colocarlo en el ataúd de
cristal, muchas mujeres lloraban y caían con ataques como era costumbre en los
velatorios de aquella época. Primero llevaban la procesión con el ataúd a la
iglesia de San Antonio y posteriormente a Domingo Savio. Durante el
encontronazo Trujillo-Panal, entonces fue llevado al Santo Cerro, Siempre
asistía un batallón de la primera brigada del Ejército Nacional, sito en la
fortaleza Concepción.
El sábado de Gloria, a las
diez de la mañana, cuando sonaban los campanazos y la sirena de los bomberos,
entonces venía un mayúsculo desorden, pues todos los tiestos que sonaran eran
amarrados y la gente salía corriendo por las calles arrastrando esos tiestos.
Entonces venía la Quema del Judas, un muñeco relleno de fuegos artificiales que
era colgado debajo de un árbol y una vez encendido, explotaban todos los fuegos
artificiales. Al llegar a la casa, si usted tenía una pela pendiente, le
esperaban con la correa en las manos.
Pero cuando cursaba el bachillerato ya eso no existía, era
por Acapulco, Bayacanes y Jarabacoa. Y confieso, que para mí nunca fue bien
visto ese tipo de celebración, y no tuve una gran participación en la misma y
eso se fue haciendo cada vez tan pesado y el consumismo carcomió todo, hasta
nuestros días. Pues hoy estoy disfrutando del Tercer tipo de Semana Santa,
tranquilo, sin siquiera salir al frente de la casa, enciendo la radio y qué
asco el tipo de música que está poniendo la mayoría de las emisoras, aunque
otros están con ministros en reflexión. Las playas y balnearios están
clausurados y con vigilancia policíaco-militar, pero las piscinas particulares
están convertidas en vector de contagio. Solo a la fuerza se logró esto de
nuevo. Aquí en el sector de La Vega donde vivo, hace tiempo que el día no
existe, silencio total.

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