Por Juan Llado
Si la gerencia del cielo puede imputársele a
Dios, la de nuestro lar nativo no tiene otra opción que ser gerenciada por
nosotros. Y aunque nos consideremos una sucursal del cielo, será difícil
determinar si como destino turístico hemos dado un manejo adecuado a la
reciente crisis de imagen que hemos confrontado. A juzgar por los comentarios
de prensa y televisión, la crisis nos cogió con los calzones abajo y nadie ha
podido presentar una estrategia de manejo satisfactoria.
Esos medios pudieron sentirse convocados porque las víctimas eran
estadounidenses (incluyendo a David Ortiz). Pero todavía sorpende porqué mantuvieron esas noticias vigentes por tanto tiempo, aun cuando la propia
Embajada de EU y más luego el mismo Departamento
de Estado salieron en defensa de la seguridad del país. Por
suerte las noticias no tuvieron difusión en Europa, pero el resultado ha sido,
según algunos medios, una oleada de cancelaciones de reservas hoteleras y la
reportada disuasión de turistas estadounidenses y canadienses que planeaban
vacacionar aquí. No se cuenta con datos fidedignos que permitan dimensionar el
impacto negativo sobre nuestra principal industria. Pero aun cuando este fuera
limitado y pasajero, el episodio ha dejado claro que no estábamos preparados
para enfrentar una crisis de imagen y mucho menos disponíamos de las
capacidades correspondientes.
El país recibió 3.1
millones de turistas extranjeros de
vía aérea durante el primer semestre del año, un aumento
de un 2.5% respecto a igual periodo del 2018. (De esos, casi dos
millones fueron norteamericanos, mientras Francia, Alemania y Rusia lideraron
las llegadas europeas.) El hecho de que la tasa
promedio de ocupación en los hoteles haya
sido de 79.6% durante los primeros seis meses de este año sugiere que la crisis
ha sido más un escándalo mediático que un derrumbe del flujo de visitantes. Si
recordamos que en el 2018 la tasa de ocupación hotelera promedio fue de 77.5%,
la más alta de la historia, parecería que no ha habido una mella significativa.
Por suerte, ya se comienza a reportar una vigorosa
recuperación de las reservaciones después
de una caída de las llegadas de extranjeros de vía aérea en junio de un 2.5%, y
un reciente análisis
del Banco Central (y no del Ministerio de Turismo) así lo demuestra.
Habría que esperar algunos meses para ver si se ha escenificado algún descenso
del flujo, pero ya ASONAHORES ha anunciado que espera una temporada robusta en
lo que resta del año. Y el vigoroso
ritmo de aprobaciones de nueva inversión en
habitaciones confirma la solidez del destino.
¿Cómo debimos responder a la mala propaganda contra nuestra
industria turística? Para responder la pregunta, lo primero a tener en cuenta es
que aproximadamente el 95% del inventario de habitaciones hoteleras de clase
mundial, no es propiedad de dominicanos sino de extranjeros, y el inventario
está concentrado en grandes cadenas
hoteleras mayormente españolas. La realidad es que no existe una industria turística
propiamente dominicana, sino una industria turística internacional en
territorio dominicano. Por eso los grandes líderes de nuestra industria son los
propietarios de las cadenas hoteleras y, marginalmente, las autoridades del
Ministerio de Turismo y otras dependencias estatales concernidas. Son ellos
quienes debieron producir una respuesta.
Excepto por un reporte favorable en el periódico
español ABC que supuestamente ellos promovieron, los
propietarios extranjeros han mantenido un muy bajo perfil durante toda la
crisis. Hablan regularmente a través de ASONAHORES, pero las declaraciones han
sido parcas y hay reportes de que esa entidad ha evadido las inquisiciones
periodísticas. (El empresario Jose Natalio Redondo opinó que lo mejor era no
responder.) Tal vez porque la mayoría de las cadenas son europeas y el flujo
desde ese mercado emisor no ha sido afectado, ASONAHORES se ha limitado a
ratificar la seguridad del destino y no ha admitido un descenso sensible del
flujo. La noticia de que el mes pasado hubo un 74% de cancelaciones de las
reservas en vuelos regulares estadounidenses hacia nuestro destino, no alarma, porque más de un 90% de los norteamericanos vienen en paquetes de vuelos
fletados (charters).
Lo que apareció como una inexplicable negligencia fue la respuesta
del Ministerio de Turismo (MITUR). La declaración inicial del ministro se
limitó a confirmar los niveles de seguridad en el destino y negar algún daño a
la ocupación hotelera. El Asesor Turístico del Poder Ejecutivo, sin embargo, posteriormente anunció que el gobierno se
proponía contratar a una firma especializada en el manejo de crisis turísticas
en los mismos EU. Dijo que ellos establecerían los “protocolos de reacción”
para este tipo de crisis futura. Fue un par de semanas después que el ministro
se reunió con un grupo de turoperadores en New York e hizo declaraciones a la
prensa reiterando la seguridad del destino. La prensa no ha
reportado ninguna otra importante iniciativa.
Mientras, se levantaron voces locales exigiendo una respuesta
oficial más contundente, porque parecían haber sido presas del pánico. A esto se
le sumó las alarmas de los turoperadores y algunas cadenas hoteleras
norteamericanas, acompañando los alaridos con peticiones de mayores
asignaciones de fondos para arreciar la promoción turística. Hubo rumores de
que se estarían gestionando US$20 millones para una campana promocional
especial, pero de eso no ha trascendido nada. Obviamente, las acciones
promocionales pueden costar muy caras y se debe ser muy cuidadoso con cualquier
asignación extra, porque puede ser innecesaria. Si el resultado de las pruebas
toxicológicas que ordeno el FBI resulta intrascendente, ya no seria necesario
aumentar ninguna asignación de fondos promocionales.
Tal vez el ministro de Turismo debió ver a los altos ejecutivos de
Fox y CNN para aclararles las cosas. A manos tenía que presentarles: 1) los
resultados de las autopsias, 2) los datos sobre los niveles de criminalidad en
los polos turísticos, 3) la tendencia de las muertes de turistas
norteamericanos en los últimos cinco años, 4) las declaraciones de la Embajada
y el Departamento de Estado de EU, y 5) las estadísticas de criminalidad que
muestran que en la RD los homicidios han venido descendiendo. Además, le
hubiese prometido entregarle los resultados de los exámenes toxicológicos una
vez estuvieran disponibles. Hubiese también dejado pendiente una decisión de si
cerrar la cuenta de publicidad que tiene el país con CNN Internacional y CNN en
Espanol.
Otras medidas a tomar deben revelarse en el Plan de Seguridad Turística que
ordenó el presidente Medina y que debe estar casi concluido. Si
llegó a contratarse la firma especializada en manejo de crisis, se deberá hacer
un serio esfuerzo para entrenar al personal adecuado del MITUR para que pueda
responder a crisis similares que se presenten en el futuro. El país debe contar
con las capacidades para afrontar crisis turísticas y manejar (sin la ayuda de
extranjeros) las respuestas mediáticas pertinentes. Para eso es tiempo de que
se reconozca ya la necesidad de contratar localmente la promoción turística
internacional. Después de todo, la misma saldría mucho más barata. Un destino
turístico maduro debe tener el personal calificado para eso si quiere seguir
proyectándose como la sucursal del cielo.

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