Por Ernesto Heredia
En
estos tiempos tan difíciles que vivimos, hemos visto como nuestros
valores y principios más fundamentales se han deteriorado, a tal
punto que las relaciones que establecemos con los demás, están
basada en algo tan vano como el beneficio material o social que
podamos alcanzar con cualquiera o X persona.
El
ser humano, al igual que los animales y las plantas, deben de
conquistarse con las buenas obras. A las plantas debes echarles
agua y tiene que darle el sol para que puedan sobrevivir; a los
animales, aparte de alimentarlos, también debes de darle afecto y
cariño. Imagínese entonces que
debe hacer con las personas
(seres razonables y pensantes), y sobre todo, con aquellas que son
parte de ti, llámese familia, hijos, padres y tu compañero/a de
vida.
Conquistar
a alguien no depende de dinero, ni de regalos, ni de invitarlo a salir,
ni nada por estilo, depende más bien, de darle ternura, decirle
siempre lo importante que es esa persona para ti, pero sobre todo,
darle amor.
El
corazón de tus amigos, compañeros de trabajo, de tus hermanos,
hijos, padres, y de tu pareja, esposo o esposa, se conquista
hablándole con apego, cortesía, educación, sin reproches, sin
palabras que puedan herir, y que hagan que mañana esa alma, en vez
de acercarse a ti, quiera alejarse, por la sencilla razón de que la
maltratas, la lastima, hieres sus sentimientos, y no importará las
dádivas que puedas ofrecerle.
Conquista
al prójimo para que mañana no se acerque a ti porque tienes dinero,
fama, ni donativos materiales. Haz que su corazón, en vez desear
obsequios, desee tu cariño, anhele tu amistad.
Las
cosas materiales solo son complementos momentáneos, vanidades
mundanas, que con el tiempo se agotan, pero el amor permanece para
siempre. Se rico haciendo el bien, se generoso haciendo obras que
alimenten tu alma.
Conquista
a tu familia, hijos, padres, y/o hermanos, con todo el amor que puedas
ofrecerles, atención, cuidado, esmero.
Conquista
a tu pareja, no sólo invitándola a salir, ni con regalitos, también
con calor, entusiasmo, pasión, dile siempre lo bella que está,
háblale con dulzura, ámala cada día más.
El
afecto y el buen trato son efectos de reciprocidad, la amabilidad,
el respeto, son artículos que se les brinda a aquellos que lo puedan
costear, y esto no es algo que se vive fuera de nuestros hogares,
sino que hemos acostumbrado incluso a nuestros hijos a ejercer esta
práctica.
No
permitas que a tus seres queridos le suceda lo que a las plantas, que si no le
echas agua, se mueren.
Nos
hemos olvidado de crear y cultivar relaciones con base a los
sentimientos, nos hemos olvidado de multiplicar el amor, porque es
eso lo que hacemos cuando tratamos a los demás con cortesía, con
agrado, con respeto, y de eso se trata, no de ser cualquier
individuo, sino de ser multiplicadores del amor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
La Caracola agradece su disposición de contribuir con sus comentarios positivos, siempre basados en el respeto a los demás y en la ética de la comunicación popular.