Por Ernesto Heredia
En
el nuevo país que tendremos en los venideros años, según nuestro
mandatario Danilo Medina, ahora con el teleférico, además del metro
y la república digital, propongo una ley anticorrupción, para
aportar también mi granito de arena como ciudadano y como persona
que sueña con una nación mejor, al igual que todos los funcionarios
(me imagino) y demás habitantes que componen este pedacito de
tierra.
Para
poder solucionar el problema de la corrupción, dicha ley sólo será
derogada por un Tribunal Supremo apolítico, el cual también tendrá
la responsabilidad de elegir a sus representantes, los cuales
asumirán la potestad de aplicarla.
El
tribunal se encargará de clasificar y sancionar a cualquier persona
o funcionario del Estado según la magnitud del hecho, estableciendo
condenas progresivas, estribando la gravedad de este. Dichas condenas
irán en aumento, dependiendo el agravio cometido por un individuo,
oscilando gradualmente entre 10,15,20,25,30,35 hasta 60 años de
cárcel para todo el que merezca una de estas penas.
Estos
años serán sin apelación ninguna, ni libertad condicional, no
importando tampoco la edad de la persona. Los bienes que este posea
serán incautados de acuerdo al caso, después de haber sido
condenado, y si el que comete el ultraje es un funcionario público,
no podrá volver a aspirar a ningún cargo del Estado.
Los
bienes serán retirados paulatinamente, con el único objetivo de
pagar educadores de la conducta humana, durante todo el periodo de su
encarcelamiento, y sus familiares, tanto padres, esposos/as e hijos/as,
participarán de las charlas impartidas por dichos educadores, todos
los fines de semana durante 2 horas. (Continuará).
“La
Política es un cuerpo, que se anima de su conveniencia, porque no
tiene más espíritu que el interés, ni atienden sus acciones a otro
fin, que a su propia utilidad, tan viles son sus efectos y tan pocas
sus finezas. Tuerta, dijo un Político que es una gran Monarquía,
porque cuando parece que mira a una parte, atiende a otra. Pero la
Política siendo el Argos del
Mundo, no mira sino así, porque las causas de estado no son de la
jurisdicción de la justicia, sino del dominio de los intereses, ni
tocan al Aerópago de
los jurisconsultos, sino al Tribunal de los Políticos, los cuales no
tienen más leyes, que las de su conveniencia, ni alegan otros
textos, que los de su propia utilidad. (Discursos Políticos,
1646, España).”
Y
conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Juan 8:32

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