16 de marzo de 2018

¡Mejor Vivir en el Desierto!

Por Ernesto Heredia

Es mejor vivir en los montes, en el desierto, o en un lugar donde nada ni nadie te quite la paz, la tranquilidad, la humanidad, ni la humildad; en el cual las cosas del día a día no te indignen, no te lleven a pensar que no vale la pena seguir viviendo en este humillado y maltratado pueblo.

No podemos seguir aguantando insultos, iniquidades, agravios, ofensas de toda índole, no se puede vivir sólo de palabrerías, de promesas baratas, que hacen que no creamos ni en nuestra sombra, sino en el todo poderoso, nuestro señor Jesucristo, el único y verdadero Juez (convencido cada momento de su grandeza).

Cuando nos encontramos con hechos tan lamentables como por ejemplo la muerte de un joven para quitarle su celular (inseguridad ciudadana), el aumento de sueldo de funcionarios del gobierno que no hacen absolutamente nada (desigualdad social), el despido injustificado de una empleada, por el solo hecho de no caerle bien a su superior (antipatía) y no menos grave es la tergiversación de la realidad en la cual se encuentran la gran mayoría de los habitantes (manipulación), nos dice que real y efectivamente nos encontramos en el lugar equivocado.

Equivocado, porque a diario vivimos la degradación más nefasta que hayamos podido ver y tener a través de los tiempos, y sin embargo salimos en los medios de comunicación diciendo que estamos avanzando, y que tendremos un mejor país, y por ende un mejor por venir para con todos y cada uno de los ciudadanos; sin embargo, los que salimos a diario a las calles a buscar el sustento de nuestra existencia y nuestra familia, nos damos cuenta de que la verdadera realidad es otra.

No podemos jugar con la inteligencia de los demás, tengamos presente que nada dura para siempre.
Gloria de Dios es encubrir un asunto; pero honra del rey es escudriñarlo.  Para la altura de los cielos, y para la profundidad de la tierra, y para el corazón de los reyes, no hay investigación. Quita las escorias de la plata, y saldrá alhaja al fundidor. Como ciudad derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda. (Proverbios 2-4, 28).-

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