Por Ernesto Heredia
Es
mejor vivir en los montes, en el desierto, o en un lugar donde nada
ni nadie te quite la paz, la tranquilidad, la humanidad, ni la
humildad; en el cual las cosas del día a día no te indignen, no te
lleven a pensar que no vale la pena seguir viviendo en este humillado
y maltratado pueblo.
No
podemos seguir aguantando insultos, iniquidades, agravios, ofensas de
toda índole, no se puede vivir sólo de palabrerías, de promesas
baratas, que hacen que no creamos ni en nuestra sombra, sino en el
todo poderoso, nuestro señor Jesucristo, el único y verdadero Juez
(convencido cada momento de su grandeza).
Equivocado,
porque a diario vivimos la degradación más nefasta que hayamos
podido ver y tener a través de los tiempos, y sin embargo salimos en
los medios de comunicación diciendo que estamos avanzando, y que
tendremos un mejor país, y por ende un mejor por venir para con
todos y cada uno de los ciudadanos; sin embargo, los que salimos a
diario a las calles a buscar el sustento de nuestra existencia y
nuestra familia, nos damos cuenta de que la verdadera realidad es
otra.
No
podemos jugar con la inteligencia de los demás, tengamos presente
que nada dura para siempre.
Gloria
de Dios es encubrir un asunto; pero honra del rey es escudriñarlo.
Para la altura de los cielos,
y para la profundidad de la tierra, y para el corazón de los reyes,
no hay investigación. Quita
las escorias de la plata, y saldrá alhaja al fundidor. Como ciudad
derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda.
(Proverbios 2-4, 28).-

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