Por Carlos J. Vidal Lassis
Hubo momentos desde los inicios de mi vida, desde muy joven, que me
hacían sentir muy especial, poderoso, capaz y seguro del éxito en cualquier
circunstancia. Eran instantes de mi vida donde la crisis y la oportunidad se
balanceaban.
En el Griego antiguo se describía esta circunstancia con un
nombre, se le llamaba “Kairos”. Lo que me excitaba
y me alimentaba esta
sensación era el hecho de que no importa el problema que se me presentaba, con
la actitud debida, la preparación adecuada hasta donde fuese posible y clara
consciencia de que todo tiene solución, yo lograba resolverlo.
El aprendizaje resultante y el incremento de madurez me satisfacía
grandemente, hasta el punto de que me desafiaba a mi mismo con las decisiones
que tomaba. Me sentía en cierta forma adicto al Kairos. Siempre fue beneficioso
para mi y aunque hoy en día, pasados los años, no es común, cuando sucede, me
rejuvenece y me hace sentir con propósito de nuevo.
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