
Por
Dr.Eliscer Guzmán
New York.- En los Estados Unidos, 53 % de la población consume alcohol con
cierta regularidad y 61 millones de personas consumen más de 5 tragos de
bebidas alcohólicas en una sola sentada por lo menos una vez al mes.
Las consecuencias más comunes de este consumo, son una elevación importante en
los niveles de presión arterial, pero más comúnmente el desarrollo de arritmias
cardiacas, específicamente fibrilación auricular en lo que se ha denominado el
síndrome del corazón del día festivo o día de fiesta. Esta arritmia
es
importante, porque se estima que cerca del 20% de los accidentes
cerebrovasculares, en particular infartos cerebrales, se producen como
resultado de la fibrilación auricular.
En la gran mayoría de los casos y a pesar de que más de 6.1 de millones de
americanos sufren de este desorden del ritmo cardíaco (fibrilación auricular),
la gran mayoría de los casos no son percibidos por los pacientes que la sufren,
a menos que el pulso sea rápido. En un estudio publicado recientemente, llamado
"Reveal", se demostró como personas a alto riesgo de padecer la
arritmia (diabéticos, hipertensos, obesos, personas con apnea del sueño y
tomadores de alcohol habituales), la detección de fibrilación auricular fue
cerca de un 16% con monitorización cardíaca prolongada, pero lo alarmante en
este estudio fue que la gran mayoría de los estudiados desconocían que padecían
el trastorno.
Quizás más preocupante es un reporte publicado en la revista del colegio
americano de cardiología, que reporta que en algunas personas, un solo trago de
alcohol añadido puede aumentar el riesgo de desarrollar episodios de
fibrilación en un 8%, contradiciendo el popular argumento de que tomar alcohol
en pequeñas cantidades, previene el desarrollo de enfermedades del corazón.
Más que una verdad científica, un deseo ferviente de todos los que en ocasiones
disfrutamos de un traguito de vino. ¿Cuál es el mecanismo o los mecanismos
envueltos en las propiedades arritmogénicas del alcohol? Sin lugar a dudas hay
evidencias claras de que el alcohol estimula el sistema simpático, que resulta
en la liberación de epinefrina y norepinefrina y posiblemente de Cortisol,
todos resultando en diversos y múltiples tipos de trastornos del ritmo cardíaco,
además del conocido efecto de elevación de la presión arterial, y agrandamiento
y debilitamiento del músculo cardiaco (cardiomiopatía alcohólica). Como
mencioné, hay otros mecanismos como alteración de la conducción eléctrica y
estructural del músculo auricular y miocardio, que también favorecen el
desarrollo de estas disrrithmias cardíacas.
En
conclusión y tal y como dijo el filósofo y maestro persa RUMI hace más de 8
siglos: todo lo que consumismo o poseemos por encima de lo que necesitamos, es
toxico y se convierte en dañino, no importa que sea el poder, la pereza, la
comida, el miedo, la ira y sobre todo el EGO. A esta lista podemos añadir el
alcohol.
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