Por José Miguel Gómez
Sin
embargo, existen otros conflictos personales, interpersonales y grupales, que
hablan de la incapacidad en las personas para funcionar y socializar con los
demás.
Es
decir, hay personas que por su inmadurez o por la falta de inteligencia
emocional o social no saben mantener relaciones sanas, oxigenantes, nutrientes
que permitan crecer y vivir la solidaridad y el altruismo social. La vida para
muchos es de sobrevivientes, no planifican, no tienen objetivos, ni metas, ni
propósitos que les permita salir de la condición de exclusión o acatamiento
social. Lo observado en el 2015 fue que aumentó el individualismo, la
insolidaridad, y la pobreza existencial. Para cientos de adultos la vida se
asume desde el consumo, el facilismo, la cultura de la prisa, el confort, la
vanidad, la búsqueda de la notoriedad y de la auto-gratificación inmediata.
Para
este 2016, las personas tienen que reflexionar y evaluar sus propósitos, sus motivos
de vidas y de bienestar social. Asumir la existencia teniendo en cuenta su
propia dinámica de vida: sus necesidades, sus urgencias, sus prioridades, su
espacio que le refuerzan y proporcionan satisfacción, tranquilidad, amor,
alegría, etc. La salud mental hay que cuidarla; para esto se tiene que investir
el 4% de sus ingresos en la salud mental: diversión, vacaciones, lectura,
ejercicios físicos, encuentros saludables, musicoterapia, compartir con
familiares, pareja, disfrutar la vida en el presente y para el futuro.
A
nivel mundial y Latinoamérica, hay más sufrimiento y peor salud mental por la
falta de educación, y la falta de habilidades para las personas asumir su vida
sin la presión del comercio, la tecnología, el consumo, y la competencia en que
se vive hoy día. Los hombres y mujeres deben entender cómo funciona el mercado,
la política, la utilidad del trabajo y las razones existenciales de la nueva
vida pragmática de la sociedad consumista.
El
ser humano es un simple objetivo, al que le diseñan y le planifican el gasto,
la vida, su prioridad y hasta sus riesgos. Son cientos de hombres y mujeres que
no saben por qué han llegado donde están, ya sea, en un vacío existencial, o
una crisis de identidad generalizada, hasta en un estado de ánimo que comprometa
el pensamiento y la desesperanza.
En
el 2016, hay que buscar el equilibrio, la armonía, la paz, y la felicidad; ya
sea en los pequeños o grandes proyectos. Pero se debe aprender a descubrir qué
le proporciona su bienestar. Hoy sabemos que vivir en armonía, en el equilibrio
del interior y el exterior, produce paz, satisfacción y tranquilidad: que son
claves que logran las personas maduras, inteligentes y reflexivas. Feliz 2016-
para todos.
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