5 de enero de 2016

LECTURAS Y VIVENCIAS DE CARLOS DARÍO (Martes 5 de Enero, 2016)

“13 Cuentos Sucios”, de Henrri Cuello Ramírez

Por Carlos Darío Sousa S.*

El profesor y amigo Víctor Cuello R. me acaba de regalar ”13 Cuetos Sucios”, Ed. Búho. 2014., creación  de su hermano Henrri Cuello Ramírez, en el que, como dice el título del libro, nos brinda la oportunidad de entrar en ese mundo del cuento, de la narrativa que no tiene límites en el lenguaje, y en escenarios en el que desarrollan sus vidas los personajes, al fin y al cabo, todos, cargados de imágenes que nos quedan plasmadas y que, o por imaginación o por lecturas, y si quieren pueden añadir por algunas prácticas o por las captaciones del  vox pópuli,  han ocurrido, ocurren y van a seguir ocurriendo mientras la sociedad no cambie y fije nuevos   paradigmas, sus discursos de vida, lo que no deja de ser una pretensión de mi parte.

Los relatos que nos brinda están llenos de imágenes, de diálogos, de situaciones, que a pesar de ser cuentos, de ser tan ficcionales,  parecen tan reales que pueden confundirse con la verdad que arrastramos en la experiencia del día a día.

Cuello Ramírez nos brinda relatos de hechos que es un modo inteligente de arrastrarnos, de atraer en función nuestra atención, sobre lo narrado. Es que sus hechos se construyen en narrativa muy diegésis, o por si acaso, muy heterodiegética. Es que su estrategia narrativa está muy bien empleada en cada uno de los hechos y que por lo mismo nos hace pegar como lapas al libro en su totalidad, y “rillárnoslo”, como dicen los españoles, de un tirón.

El estudio de cada uno de los personajes es de un valor supremo, francamente están tan bien logrados que parecen que fueran creados por la voz de la experiencia, del conocimiento de la vida de nuestras calles y casi de ese mundo tan particular de las profesiones más antiguas de la humanidad, diría con certeza  de todo el  quehacer, o del acaecer,  humano.

El cuento “Desmemoria”, esa mezcla de ficción y de realidad apabullante, es un cuento que trae sus bemoles, al final, pensaba yo entre otros en los “vigilantes” del libro de Enoc o en Pygar, el ángel ciego de  Barbarella, el de aquella película de Vadim y Jane Fonda, y que de verdad esos eran ángeles y que a mí me gustaría hacer lo que hacían, a diferencia del  desmemoriado de “Desmemoria”, que se asemeja más a un ejecutivo de cuentas de una compañía de seguros o (y sé lo que es), a un banquero de uno de los bancos quebrados, que a un ángel si no caído, estrellado, aunque siempre caído de lo que llamamos cielo.  Final feliz para el agente del orden cuyos bolsillos no tendrán fondo nunca en la vida, ni comprenderá nunca algo que no sea lo que hizo. ¿Usted se imagina un ángel bujarrón?. Que no se si existen, pero  de haberlos,”hailo”, que diría un gallego.

Daniel Innerarity escribió “La Sociedad Invisible”; Espasa, 2004., en la que dice que “la sociedad se nos ha vuelto algo invisible y ello significa que asistimos a un proceso de visualización general, y es que es una  especie de globalización, que transforma los espacios sociales, en la que el miedo es parte de esa construcción, está contenida en algunos de los cuentos”.

El miedo a la policía, del  llamado já,  cuerpo del orden que siempre huele donde está, o cree saber dónde está el dinero, o el fugado.

La homosexualidad, esa maldita rubia del piso tres, regada a niveles increíbles.
El miedo a los asaltantes y los atracos nuestros de cada día.

El recuento de la participación de curas y seminarios en la iniciación del sexo contra natura, que bien parece una Filosofía Perenne.

De Ministros conectados  con la alta política que les protege, solidariamente  o si, en las prácticas corruptas, en la vida cotidiana.

La prostitución presente ante nuestros ojos, la vida sin cortapisa, o si se quiere, por cambios de valores, en la juventud, las prácticas sexuales reflejando, sin saber o no, del contenido del legendario kamasutra y el Anangarranga, aunque por ahí aparezca un Casanova con jeepeta y celular de cuchucientos dólares.

La lucha por el amor y el desamor, el emperramiento y el odio, la lucha por vivir y el recuerdo del barrio que nos vio dar los primeros pasos, “donde aprendí que en esta vida hay que llorar si otro llora”, donde el éxito se manifiesta compartiendo con el descorche y el sancocho. Eso y más están contenidos, expuestos con tal grado de logro, y crudeza,   en varios de los cuentos.

Pero no todo es sexo. La Estafa. Ha sido algo cotidiano en nuestras ansias de progresar, el deseo de emigrar, de mejorar la vida. Yo que provengo, por la paternidad, sé que significa irse a buscar nuevas fronteras, a buscar una nueva vida (Visa para un sueño.  Porque soy un inmigrante jamás en la vida yo podré olvidarte. Toma tu mula,  tu hembra y tu arreo…y busca otra luna, tal vez mañana sonría la fortuna). Y hemos visto como en años, en siglos, en miles de años, el Ser Humano ha recorrido miles de kilómetros para poblar la tierra. Nadie se va de un lugar a otro para cambiar a una mala vida.

La mujer sin nombre, “Una cuarentona de pelo corto y encanecido”. Ustedes ven que no hay límite de edad, con doscientos ochenta mujeres más, todas también sin nombre, fueron víctimas de esas ansias de mejorar sobre la cual las mafias, protegidas o sí, cultivan y explotan esas necesidades y venden como tesis para ir en viajes  al paraíso, a su nirvana particular. Eso no es “Un cuento”, es un relato, o una crónica,  de lo que pasa día tras día en nuestra geografía. Miles de promesas se han quedado en el fondo de un barril sin fondo, como el bolsillo aquél,  realizadas por políticos, que prometen y prometen hasta olvidarse de lo prometido. Permitir eso es un escape, es quitarle presión al padre gobierno que todo lo puede, pero siempre, en todos los casos,  para los míos.

Ese diálogo de mis piernas me despiertan cada noche, no me dejan dormir a pesar del trote diario a que las someto para cansarlas (y eso que el cerebro que todo lo puede y dirige no permite la participación de otro elemento), ellas no quieren más interrupción que la del dirigente máximo. Nada de organizar sindicatos. Que se habrán creído ese par.


Finalmente, tengo que decirle a Henrri por medio de Víctor, que estoy agradecido, no sólo por el regalo, y con pena por el Copyright perdido, sino por haberme hecho pasar unas horas dejando olvidado a Christopher S. Mackay  y su “El Declive de la República Romana”, y por haberme puesto a gozar, que es una buena forma de reflexionar,  con las narraciones de la totalidad de su “13 Cuentos Sucios”. Gracias  a ambos.

*El autor es catedrático universitario.-

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