“13 Cuentos Sucios”, de Henrri Cuello Ramírez
Por Carlos Darío Sousa S.*
Cuello Ramírez nos brinda relatos de hechos que es un
modo inteligente de arrastrarnos, de atraer en función nuestra atención, sobre
lo narrado. Es que sus hechos se construyen en narrativa muy diegésis, o por si
acaso, muy heterodiegética. Es que su estrategia narrativa está muy bien
empleada en cada uno de los hechos y que por lo mismo nos hace pegar como lapas
al libro en su totalidad, y “rillárnoslo”, como dicen los españoles, de un
tirón.
El estudio de cada uno de los personajes es de un
valor supremo, francamente están tan bien logrados que parecen que fueran creados
por la voz de la experiencia, del conocimiento de la vida de nuestras calles y
casi de ese mundo tan particular de las profesiones más antiguas de la
humanidad, diría con certeza de todo
el quehacer, o del acaecer, humano.
El cuento “Desmemoria”, esa mezcla de ficción y de
realidad apabullante, es un cuento que trae sus bemoles, al final, pensaba yo entre
otros en los “vigilantes” del libro de Enoc o en Pygar, el ángel ciego de Barbarella, el de aquella película de Vadim y
Jane Fonda, y que de verdad esos eran ángeles y que a mí me gustaría hacer lo
que hacían, a diferencia del desmemoriado
de “Desmemoria”, que se asemeja más a un ejecutivo de cuentas de una compañía de
seguros o (y sé lo que es), a un banquero de uno de los bancos quebrados, que a un
ángel si no caído, estrellado, aunque siempre caído de lo que llamamos cielo. Final feliz para el agente del orden cuyos
bolsillos no tendrán fondo nunca en la vida, ni comprenderá nunca algo que no
sea lo que hizo. ¿Usted se imagina un ángel bujarrón?. Que no se si existen,
pero de haberlos,”hailo”, que diría un
gallego.
Daniel Innerarity escribió “La Sociedad Invisible”;
Espasa, 2004., en la que dice que “la sociedad se nos ha vuelto algo invisible y
ello significa que asistimos a un proceso de visualización general, y es que es
una especie de globalización, que
transforma los espacios sociales, en la que el miedo es parte de esa construcción,
está contenida en algunos de los cuentos”.
El miedo a la policía, del llamado já,
cuerpo del orden que siempre huele donde está, o cree saber dónde está
el dinero, o el fugado.
La homosexualidad, esa maldita rubia del piso tres,
regada a niveles increíbles.
El miedo a los asaltantes y los atracos nuestros de
cada día.
El recuento de la participación de curas y
seminarios en la iniciación del sexo contra natura, que bien parece una
Filosofía Perenne.
De Ministros conectados con la alta política que les protege,
solidariamente o si, en las prácticas
corruptas, en la vida cotidiana.
La prostitución presente ante nuestros ojos, la vida
sin cortapisa, o si se quiere, por cambios de valores, en la juventud, las
prácticas sexuales reflejando, sin saber o no, del contenido del legendario
kamasutra y el Anangarranga, aunque por ahí aparezca un Casanova con jeepeta y
celular de cuchucientos dólares.
La lucha por el amor y el desamor, el emperramiento
y el odio, la lucha por vivir y el recuerdo del barrio que nos vio dar los
primeros pasos, “donde aprendí que en esta vida hay que llorar si otro llora”,
donde el éxito se manifiesta compartiendo con el descorche y el sancocho. Eso y
más están contenidos, expuestos con tal grado de logro, y crudeza, en
varios de los cuentos.
Pero no todo es sexo. La Estafa. Ha sido algo
cotidiano en nuestras ansias de progresar, el deseo de emigrar, de mejorar la
vida. Yo que provengo, por la paternidad, sé que significa irse a buscar nuevas
fronteras, a buscar una nueva vida (Visa para un sueño. Porque soy un inmigrante jamás en la vida yo
podré olvidarte. Toma tu mula, tu hembra
y tu arreo…y busca otra luna, tal vez mañana sonría la fortuna). Y hemos visto
como en años, en siglos, en miles de años, el Ser Humano ha recorrido miles de
kilómetros para poblar la tierra. Nadie se va de un lugar a otro para cambiar a
una mala vida.
La mujer sin nombre, “Una cuarentona de pelo corto y
encanecido”. Ustedes ven que no hay límite de edad, con doscientos ochenta mujeres
más, todas también sin nombre, fueron víctimas de esas ansias de mejorar sobre
la cual las mafias, protegidas o sí, cultivan y explotan esas necesidades y
venden como tesis para ir en viajes al
paraíso, a su nirvana particular. Eso no es “Un cuento”, es un relato, o una
crónica, de lo que pasa día tras día en
nuestra geografía. Miles de promesas se han quedado en el fondo de un barril sin
fondo, como el bolsillo aquél, realizadas por políticos, que prometen y
prometen hasta olvidarse de lo prometido. Permitir eso es un escape, es
quitarle presión al padre gobierno que todo lo puede, pero siempre, en todos
los casos, para los míos.
Ese diálogo de mis piernas me despiertan cada noche, no me dejan dormir a pesar del trote diario a que las someto para cansarlas (y
eso que el cerebro que todo lo puede y dirige no permite la participación de
otro elemento), ellas no quieren más interrupción que la del dirigente máximo.
Nada de organizar sindicatos. Que se habrán creído ese par.
Finalmente, tengo que decirle a Henrri por medio de
Víctor, que estoy agradecido, no sólo por el regalo, y con pena por el Copyright
perdido, sino por haberme hecho pasar unas horas dejando olvidado a Christopher
S. Mackay y su “El Declive de la
República Romana”, y por haberme puesto a gozar, que es una buena forma de
reflexionar, con las narraciones de la
totalidad de su “13 Cuentos Sucios”. Gracias
a ambos.
*El autor es catedrático universitario.-
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