14 de diciembre de 2015

LECTURAS Y VIVENCIAS DE CARLOS DARÍO (Lunes 14 de diciembre, 2015)

Lo  queremos siempre: PODER

Por Carlos Darío Sousa S.*

Leyendo los autores clásicos que se ocuparon de la cultura y de cómo se ha gobernado a través de la historia, vamos a ver cómo los humanos hemos dejado constancia del uso de “razones” para mantener el control político de los súbditos, en las monarquías, y de los ciudadanos en las repúblicas o en las monarquías constitucionales.

En la Grecia clásica, los ejemplos superan cualquier dato que la imaginación, o el conocimiento, nos pueda aportar. Y es que los
griegos al fin y al cabo fueron  los que inventaron la política, pero no fueron los únicos  que le dedicaron tiempo a la reflexión sobre el arte de gobernar o de establecer un control político sobre las gentes.

Por supuesto si busca hacia atrás va a encontrarlo, pues desde que hubo acuerdo para realizar actividades, desde la existencia del primer pacto para realizar actividades compartidas por los primeros Gens o grupos humanos, ya se configuraba la actividad de mandar y ser mandados.

Aparecieron los “lideres”, unas veces convertidos en dioses, o transmutados en figuras con esas características. Aparecen los “Faraones” y los “Ishakku o Pathesi”, como después aparecerán por los birlibirloques del destino “monarcas” y un poco después “presidentes”.

Usted puede estar seguro que todos esos iluminados recibieron el dictado superior para enviar los escritos para conducir al “pueblo”, mediante unas veces aspectos morales y otros para encauzar la sociedad en una dirección.

Ralph Turner en su “Grandes Culturas de la Humanidad”, Fondo 1999, al referirse a “Las formas de poder”, pág., 1225, nos dice “Por poder se entiende la capacidad de algunos hombres para controlar a otros, por lo general para propósitos determinados por aquellos que ejercen el poder. En su origen el poder surgió indudablemente de la fuerza del grupo sobre sus miembros, y los individuos que lo ejercían proclamaban actuar como servidores del grupo. Esta base social del poder no desapareció nunca, y los grupos más poderosos han considerado, siempre necesario mantener su posición encontrando siempre alguna justificación que las masas pudieran aceptar. Como la lucha por el poder es siempre tan activa como la que se libra por la riqueza, si no más, los individuos que ocupan aquél cambian de tiempo en tiempo; semejantes cambios se verifican normalmente cuando cambian las bases del poder”.

“La forma de poder en cualquier cultura se basa en instrumentos de violencia, en los medios de control de riqueza y en los modos de inculcar la sumisión social. Un grupo poseedor del poder mantiene su posición tan sólo mediante un empleo eficaz de fuentes de poder. Cuando ocurre cualquier cambio cultural que reduce la capacidad de un grupo establecido que tenía en sus manos el poder, su posición queda amenazada y un nuevo grupo puede desalojarlo”.

Robert Green, en el prefacio de su comercial obra “Las 48 leyes del Poder”. Espasa, 1999. Dice “En general, la sensación de no tener poder sobre la gente y los acontecimientos es insoportable para nosotros –cuando nos sentimos impotentes nos sentimos abatidos-. Nadie quiere menos poder, todo el mundo quiere más. En el mundo de hoy, sin embargo, es peligroso parecer demasiado ávido de poder, es decir abiertamente lo que se va a hacer para obtenerlo. Tenemos que parecer justos y decentes. Así que necesitamos ser sutiles: agradables, pero astutos; democráticos, pero arteros”.

Asoka perteneciente a la Dinastía Maurya en la India de poco más de 320 años antes de nuestra era, impuso en su sistema de enseñanzas en las que fijaba unos parámetros que su pueblo debía cumplir con una tolerancia basada en la moralidad universal que como rey se limitaba a cumplir, incluyendo los aspectos religiosos de la doctrina budista. Su fórmula era “La ley procura la felicidad de todas las criaturas”.

Chanakya quien fuera primer ministro de Chandragrupta y en el contexto de “La Teoría y la Práctica de la Monarquía Oriental” dentro del régimen de los Maurya, produjo uno de los documentos más importantes para clarificar la actividad política desarrollada en esa monarquía. Chanakya no consideraba al rey como una divinidad; sin embargo, el rey era divino por naturaleza –el alma del cuerpo político-, y llevaba su tarea religiosa exclusivamente mediante la realización de su tarea secular, que consistía en poner en vigor el orden tal como había llegado a ser a través de los tiempos. “Solo manteniendo firmemente las antiguas costumbres podía un rey conservar el afecto del pueblo; por tanto, tan sólo en la justicia….residía la seguridad política”.

Desde tiempos inmemorables es asunto del dinero ha sido fuente de enfrentamiento y de control por parte de los estados o de los que se creen con derecho a usarlo con cualquier fin.

Los ingresos del rey en las prácticas de la monarquía oriental procedían de varias fuentes, la principal era de las tierras y propiedades reales, que era la base de la “hacienda estatal”. El latrocinio –acción propia de un ladrón o quien defrauda a alguien gravemente- se consideraba un medio para obtener ingresos. Los gremios de trabajadores y las viudas ricas podían se robados sin dar lugar a protestas. Los ladrones podían ser incitados a saquear a los mercaderes, pero después de la fechoría podían muy bien ser ejecutados.

Las cuentas reales eran llevadas por un numeroso personal. El desfalco, del cual se conocían cuarenta clases, era punible con la muerte. El censo era de especial importancia para establecer los ingresos.

El principal apoyo del orden social era una justicia imparcial administraba de acuerdo con un código rígido. “El gobierno –decía Chanakya- es la ciencia, del castigo”.

Varios siglos después, en la Francia de los Luises, inclusive los gestos del monarca eran importantes para mantener el control de los súbditos y de la Corte.

Michel Angelo Mariani, citado por Fumaroli, refiere lo siguiente:” La primera y principal ocupación de esa Corte consiste en cotejar a su Majestad real, y no tiene más finalidad que hacerse notar del soberano, e insinuarse en buena gracia. En esto los cortesanos dan prueba de una paciencia inquebrantable, y se consideran felices cuando al cabo de años pueden preciarse de un simple pestañeo amable del Príncipe. Y ante la mera duda de no ser bien visto, se tienen por perdidos, y muchos, durante mi estancia, se fueron para su casa con acceso de fiebre. Tales son los efectos del simple temor de caer en desgracia ante un Rey terrenal”.

Y continua con algo que no escapa a la similitud con otros países: “Cuando alguien es despedido de la Corte, se entiende que se le retira totalmente la gracia del Rey, y entonces, como si se les infligiera el castigo de la condenación, se abandona por completo a la pesadumbre y la desesperación”.

Quizás por eso me decía un político dominicano con ánimo de preservar el pellejo, que “Al presidente no se le renuncia”. Al fin y al cabo ¿cuál es la diferencia?

*El autor es catedrático universitario.-

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