Por Rosario Espinal
Danilo Medina, en busca de votos en el
Congreso para aprobar la reelección, ofertó alianza a los diputados
perredeístas que ya proyectaban su derrota electoral en el 2016. El PRD se
entregó al gobierno a cambio de beneficios para su cúpula directiva.
En vez de reflejar fortaleza, las
alianzas del PRD-PLD y PRM-PRSC, evidencian la desestructuración del
perredeísmo, precedida por la del reformismo. De 2002 hasta la fecha, el PRSC
se consumió electoralmente, aunque conserve dirigentes con inmensa capacidad de
agenciarse un lugar en el escenario electoral y gubernamental. En los últimos
tres años, el PRD siguió el mismo camino por las pugnas personalistas.
La oferta limitada del PLD al PRSC
representaba prácticamente la desaparición del reformismo. La oferta del PRM,
por el contrario, da un respiro. Ahora los reformistas reanimarán sus cuadros
directivos con las plazas electivas. Como estrategia de supervivencia, la alianza
con el PRM es ventajosa para el PRSC, aún no ganen muchas de las posiciones
asignadas. Los votos de la casilla tres donde aparecerá la foto del candidato
del PRM-PRSC serán del reformismo, aunque marquen los perremeístas.
Para el PRM, la alianza tiene gran
utilidad en el corto plazo. Obtienen la casilla tres y recursos, y además, es
un golpe mediático. Pero hay también desventajas: el PRM pierde la capacidad de
forjar una identidad partidaria propia, pierde la posibilidad de compactar el
voto perredeísta con un proyecto novedoso, y pierde la capacidad de conformar
un bloque electoral con fuerzas políticas alternativas.
Si como anunciaron los negociadores,
esperarán hasta febrero para determinar quién encabezará la boleta
presidencial, entonces el PRM también ha perdido la posibilidad de asentar su
candidato desde ya. Con incertidumbre de aquí a febrero, quedará poco tiempo
para el candidato presidencial posicionarse adecuadamente en el mercado
electoral.
La alianza PRM-PRSC genera ruido
mediático en este momento, pero no genera entusiasmo en la población porque
aumentan los candidatos asociados con la corrupción y el transfuguismo. ¿Qué
mensaje creíble podría enviar ahora Luis Abinader sobre la anti-corrupción? Con
la alianza, el PRM optó muy temprano por ser más de lo mismo.
La política no es el arte del parche. La
política necesita cierta coherencia aún en este país de marrullerías y
conveniencias. La población necesita legitimar cabezas, no que cambien como
veletas. El liderazgo genuino necesita tiempo y esfuerzo para forjarse y
anclarse en la sociedad.
El PRD dividido, un ala con el PLD y otra con el PRSC, es
evidencia de su desestructuración. Ninguna de sus partes es por sí misma
electoralmente competitiva. Por eso se han entregado a otros partidos. El PRD
de Miguel Vargas navegará cómodamente con los recursos del Estado. El PRM de
Hipólito Mejía y Luis Abinader tendrá que guayar la yuca en todo el territorio
nacional, aún con la ayuda del esquelético PRSC.
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