Religiosos señalan que la promoción del consumo provoca violencia
Domingo Legua, Abraham Apolinario, Nelson
Acevedo y Mario Serrano, hicieron esa observación
en el contexto de sus críticas
al modelo consumista que, a su entender, en la República Dominicana tiene
matices de exhibicionismo irritante.
Los sacerdotes también plantearon las
nefastas consecuencias que tiene la ambición y la codicia para la sociedad, lo
mismo que la impunidad y la debilidad institucional.
Legua, director de la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Santo Domingo,
entiende que el ser humano ha cambiado tanto de objetivo, que al anteponer el
dinero por encima de todas las cosas, ha perdido el norte.
"Y al perder la dirección de su vida se
envuelve en el materialismo, el hedonismo y el consumismo", afirmó el sacerdote.
Al hacer esas afirmaciones, destacó que ese gran consumo le da en la
cara a los más pobres, y muchas veces es un riesgo, porque la única forma que
tienen de conseguir lo que se les ofrece es haciendo lo mal hecho.
En ese escenario surge la violencia que, al
generalizarse tanto, se hace necesario reforzar la educación en valores.
“Nuestros abuelos y nuestros padres
supieron armonizar la pobreza con la honestidad y la honradez y no robaban para
ser felices, es que nos están creando unas necesidades que no son tales; el
problema es muy complejo, y no me extraña esta situación que estamos viviendo”,
destacó Legua.
Por su lado, Apolinario,
cura de la parroquia Santo Cura de Ars, ubicada en el sector Capotillo del
Distrito Nacional, consideró que el problema no es tener cosas materiales, sino
ser insaciables.
“Dios creó todo, y todo lo que existe es
bueno, lo que pasa es que la sociedad pone lo material en un nivel que no es el
adecuado.
“Lo que pasa es que se nos está poniendo un
techo tan alto; no es solo tener dinero, sino mucho (dinero)”.
Tras hacer ese planteamiento, el sacerdote
presentó un escenario de inequidades y frustraciones que viven los jóvenes de
escasos recursos en el contexto del consumismo.
“Nuestros muchachos salen de Capotillo y
van a tres grandes espacios comerciales, llegan ahí en diez minutos. Y yo me
pregunto: ¿qué piensan esos muchachos, al ver a una joven que con un plástico
compra una televisión de más de 100,000 pesos? y la casa donde ellos viven, con
todo lo que tiene adentro, no tiene eso un valor…eso es una provocación; ese
muchacho se siente agredido.
“Nosotros aplaudimos que una muchacha se
gaste 600,000 pesos en un vestido para ir a una fiesta y la prensa lo reseña, y
eso se lo restregamos a la población; eso es violencia…cuando un embajador
dominicano gana en un mes lo que un maestro en varios años, eso es violencia, y
cuando siembras violencia la cosechas también”.
Acevedo, párroco en Sabana Perdida, un sector del
municipio Santo Domingo Norte, comparte su labor pastoral con la
enseñanza en una escuela pública y, en ese ámbito, ha podido constatar la
frustración de decenas de jóvenes que no consiguen trabajo aunque tengan un
título académico.
“Nuestros jóvenes tienen muchas
frustraciones porque no consiguen un empleo, y aunque quieren actuar bien en la
vida, muchas veces la sociedad les da la espalda”.
Mientras que Serrano, director
de los Centros Sociales de los Jesuitas, vinculó la violencia, al mensaje que
llega desde los estratos más altos del poder político.
Entiende que los mecanismos de
institucionalidad del país son los principales promotores de la violencia,
cuando se convierten en negadores de los derechos ciudadanos.
“Lo vemos en los escándalos judiciales, en
la actuación de la Policía Nacional, en la corrupción, la impunidad…todo eso
hace que la violencia se extienda en toda la sociedad”, dijo.
Tomada del periódico Hoy.-
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