Hace 21 años una mujer fue repudiada por recibir un beso de Fidel Castro
Pero hace pocos años cualquier gesto de cercanía con un líder cubano era
visto como anatema en Estados
Unidos. Y ni hablar de un beso en la mejilla.
Y eso es lo que le pasó a la abogada cubano-estadounidense de Miami, Magda
Montiel Davis.
Este viernes se cumplen 21 años del beso que le cambió la vida a Davis.
Recibió amenazas de muerte y de bomba, en su casa y en su oficina. Todo el
personal que trabajaba en su firma renunció en señal de protesta, entre ellas
su mejor amiga. Se organizaron marchas contra ella y durante mucho tiempo
necesitó protección de la policía.
"Un gran maestro"
Ocurrió en 1994 en La Habana, donde Davis se encontraba invitada a una
conferencia de tres días que buscaba construir puentes entre los cubanos de la
isla y los que se exiliaron tras la Revolución.
En las imágenes que mostraron las televisiones de Miami repetidamente, se
ve cómo Castro se aproxima a Davis y agacha su cabeza para besarla sonoramente
en la mejilla, ante la mirada de varias personas.
Ambos sostienen una
conversación mientras se sujetan firmemente las manos.
"Le
expresé mis sentimientos y le agradecí por lo que él había hecho por mi gente y
además le dije que había sido un gran maestro para mi", le dijo Davis al
periodista de la BBC Sam Farzaneh.
Antes,
durante una sesión de preguntas y respuestas, Davis había planteado a las
autoridades cubanas presentes qué respuesta debía darles a los miembros de
"la derecha cubana" cuando, en sus críticas al gobierno cubano, se
refirieran a los fusilamientos llevados a cabo en los primeros meses de la
Revolución.
Ningún
cargo del gobierno supo responderle. "Toda la sala se quedó en
silencio". Cuando Fidel Castro se aproximó a ella, le dijo: "Magda,
escuché lo que dijiste esa mañana. Deberían habértelo explicado".
Las
consecuencias de su conversación con Castro las comenzó a sentir Davis al día
siguiente, un lunes, cuando hacía su maleta para volver a EE.UU. y llamó a
casa.
Su
hija de 13 años le advirtió de lo que pasaba.
"Mamá
saliste en la tele besando a Fidel y la gente no para de llamar a casa diciendo
que quieren matarte".
Una multitud airada
le esperaba en el Aeropuerto Internacional de Miami. Tuvo que salir en secreto,
escoltada.
Su
marido, un reputado abogado de inmigración, Ira Kurzban, dice que se tuvieron
que mudar y cambiar el color de su automóvil.
"Esas
imágenes fueron mostradas una y otra vez en Miami durante horas en un comienzo,
luego durante días, y al final semanas y meses", dice Kurzban, quien era
bastante conocido en Miami por su defensa en los años 80' de la comunidad
inmigrante haitiana.
En
el correo recibieron cartas con amenazas y dibujos con caricaturas sexuales de
Castro y ella.
"La
mayoría me las mandaban a mí, pero otras veces esas imágenes sexuales se las
mandaban a mi marido".
Más visitas a Cuba
A
pesar del rechazo y el miedo a sufrir represalias, la pareja se negó a
marcharse de Miami.
"Aprendes a
lidiar con ello", dice Kurzban. "Tomamos la decisión de no irnos y de
no dejar nuestros trabajos".
Además,
Davis siguió visitando Cuba a través de los años y en varias ocasiones se
entrevistó con Fidel Castro. Además, consideró la posibilidad de escribir un
libro sobre el caso.
También
se reconcilió con su mejor amiga.
Ahora,
son pocos exiliados en Miami los que hacen ruido por ver a los líderes de
Estados Unidos y Cuba, Barack Obama y Raúl Castro, estrechar las manos.
A
Davis le parece que ha sido una gran decisión la tomada por EE.UU.
"Nunca
pensé que llegaría a ver a un presidente de Estados Unidos estrechando la mano
de un líder de mi país".
"Sé
que algunos están preocupados por que Cuba vaya a tener McDonald's y demás,
pero no me lo creo. Conozco a los cubanos y conozco a mi país, ni su soberanía
ni sus principios están a la venta".
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