Por Nélsido Herasme
Con Leonel Fernández no se puede negociar, porque ha
demostrado en la práctica que es un alumno aventajado de Joaquín Balaguer, ese
viejo zorro que, en el marco de la crisis electoral de 1994, le firmó al
doctor Peña Gómez una elecciones con un 45 por ciento, y el congreso en su
poder aprobó el 50 más uno para una primera vuelta electoral, cuyo único
objetivo era impedir que el líder opositor se alzara con la victoria y
gobernara la República.
Ahora, el presidente de la República, Danilo Medina, quien en el
2008 también había saboreado parte de esa dosis, se quiere cuidar del
exterminador morado dándole una primera estocada al león en el seno del organismo
que preside.
Ahora el implacable ataca en procura de destruir su
propia aldea.
Ayer desbarató al Partido Reformista Social Cristiano
(PRSC), redujo a la nada al Partido Revolucionario Dominicano (PRD), se apropió
del Partido Revolucionario Independiente (PRI), encantó a MODA y ahora se
apodera de la llave del Congreso Nacional, cerrando la posibilidad de que
prospere la decisión del Comité Político, máximo organismo del Partido de la
Liberación Dominicana (PLD), para una reforma al texto sustantivo de la nación.
Las ganas de unos por continuar y de otros por regresar
parecen tocar las puertas de la división y el desguañangue peledeísta.
Recordemos la crisis que se llevó a los doctores Juan
Bosco Guerrero, fundador en la UASD del Frente Estudiantil de Liberación
(FEL), a José Antinoe Fiallo Billini, director de la revista “Teoría y Acción”
y a Max Puig.
Más tarde el vendaval que cargó con Nélsida Marmolejos,
Vicente Bengoa, Rafael Espinal y una rumba de dirigentes y cuadros
intermedios.
De crisis peledeistas vimos salir al Partido de la
Unidad Democrática (UD), Partido Bochista Dominicano PBD), Alianza por la
Democracia (APD), el Partido del Pueblo Dominicano (PPD) y más reciente, al
Partido Opción Democrática (POD), de Minou Tavarez, todos, fruto de divisiones
y luchas internas, sin que nadie haya tenido que intervenir.
El pleito está casado entre quienes quieren continuar y
los que quieren regresar. Nunca fue tan propicio el momento, como ahora, para
que la oposición política se mancuerne, afine la puntería y de en el blanco
deseado.

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