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9 de abril de 2017

EXPRESIONES

Aceptar la derrota
Por Tomás Aquino Méndez
Aceptar la derrotaLas elecciones del pasado fin de semana en la República de Ecuador nos dejan varias lecciones. Del concluido proceso electoral ecuatoriano, los líderes políticos deberían entender que, por más popularidad que alcancen en el ejercicio del poder, siempre habrá alguien, en su partido o fuera de él, con la capacidad y la simpatía para sustituirle.
Si obran con inteligencia, así resultaría más fácil que el sucesor proceda de las filas de su organización y no de la acera del frente. Hoy, y según las encuestas, Rafael Correa deja el poder con muy alta popularidad.
Los presidentes deben dejar de creerse mesías insustituibles.
Aprendimos, los que observamos desde el exterior, que todo marcharía mejor si los organismos electorales, al menos en nuestra región y por el momento, mantienen el “total control” en la divulgación de las llamadas “encuestas a boca de urnas”.
La manipulación de estas pueden alterar a la ciudadanía y con datos equivocados, hacer creer que está ganando quien está perdiendo y llevar nerviosismo a sus seguidores. Eso, según mi punto de vista, ocurrió en Ecuador.
Hoy, los seguidores de Guillermo Lasso, que se creían “falsamente ganadores”, amparados en encuestas realizadas por la grupos de la “sociedad civil”, están arriesgando sus vidas en las calles, reclamando lo que no lograron en las urnas. Esas encuestas, si se realizan, no deben ser difundidas antes de los datos oficiales.
Recordamos que en el 2012, aquí estuvo a punto de ocurrir algo similar a lo de Ecuador, cuando grupos de la sociedad civil, respaldados por algunos medios televisivos, reclamaban el derecho a dar a conocer resultados de sus encuestas a boca de urna, que en realidad no eran el reflejo de las votaciones en los centros de votación.
El proceso electoral de Ecuador tiene que ayudar a los aspirantes a la presidencia a entender que a esos procesos se va a ganar o a perder. Nunca creerse absolutamente favorecidos por el voto popular sin antes ver el conteo de los sufragios y dejar de acusar de fraude a quien sale ganador del proceso.
Los acontecimientos de Ecuador, tras las elecciones, deben ser una lección para los políticos nuestros. Tienen que abandonar esos despropósitos de seguir lanzando a las calles a sus “seguidores”, a reclamar allí lo que no lograron en las urnas.
Los políticos, todos, desde sus centros de cómputos, manejan los resultados, antes de que los órganos electorales den resultados y por eso deben ser más sensatos y evitar enfrentamientos, que a veces dejan muertos y heridos innecesariamente.
Los perdedores de las elecciones en Ecuador tienen que devolverle la paz a su país. Deben pensar que la nación sigue y que todo no terminó el pasado domingo. Si la decisión está en las urnas, que se respete lo que surgió de ellas y que los perdedores acepten su derrota y eviten momentos trágicos.

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